Hace dos semanas que se produjo el primer caso mortal por la fiebre hemorrágica conocida como Crimea-Congo en España, y a pesar de eso el tema sigue dando de qué hablar. ¿Por qué? Por la confirmación de que el primer caso, el de un hombre de 62 años de Madrid que visitaba la región occidental de España, contrajo el virus Crimea-Congo porque lo mordió una garrapata proveniente de África.

Un ácaro del tamaño de la cabeza de un alfiler que se espera en los pastizales de Ávila, de Salamanca, de Plasencia o de Cáceres en Extremadura, la región campestre de España. El bicho acecha a sus víctimas, sean humanos o animales, para chuparles la sangre y convertirla en su energía vital. La diferencia es que los animales como vacas, chanchos, ovejas y ciervos han desarrollado inmunidad al virus Crimera-Congo.

Pero el ser humano no.

Se le conoce al virus como Crimea-Congo porque fue descubierto por primera vez en 1944 en Crimea. Ahí descansaban las tropas soviéticas en sus campamentos montados entre plantaciones de choclo del que ya era el granero de la Unión Soviética. Algunos soldados lo hacían a la intemperie, tranquilos sabiendo que los nazis acechaban demasiado lejos de la península del mar Negro. Pero ignorantes de la pequeña amenaza escondida a su lado.

Después, se descubrió que el agente del virus de la fiebre hemorrágea que azotó al Congo belga en 1969 era similar al que interrumpió a las tropas soviéticas de su descanso. Con los años, se estableció que el virus es endémico desde los Balcanes, Ucrania, Rumania y Bulgaria hacia el sur, el Medio Oriente, y la África subsahariana.

La rama de África fue la que llegó a España, según confirmaron doctores e investigadores españoles que dieron su testimonio al diario El Mundo. Al momento en que Raúl, el hombre de 62 años mordido fallecía hace dos semanas, los médicos ya estaban enterados  de un brote de fiebre hemorrágica producto del virus Crimea-Congo en Europa del Este, donde es común que la gente sufra de mordidas de garrapata.

También sabían de la presencia de la garrapata portadora del virus en la Península Ibérica, pero no habían podido confirmar directamente las relaciones entre el virus endémico de África y la garrapata que encontraron en España.

El caso de Ávila, de principios de septiembre, fue la confirmación para los investigadores del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Ellos ya habían podido comprobar desde hace algunos años que las garrapatas africanas que estaban llegando a la zona occidental de España montadas en algunas aves migratorias eran las mismas que estaban pegadas a varios animales que encontraron en la región. Se cuelgan de los pajaritos y atraviesan Senegal, Marruecos, Ceuta y Melilla y el estrecho de Gibraltar, para llegar a Extremadura y dejarse caer en los cálidos campos de trigo. En el norte de Marruecos, los investigadores dieron con ejemplares de aves que llevaban las garrapatas.

De todas formas, los investigadores alertan que son muy pocas las personas que desarrollan la enfermedad, que al igual que el ébola es altamente contagiosa. Es por eso que desde principios de septiembre hay casi 200 personas en observación, incluyendo a la enfermera que atendió a Raúl, por haber tenido contacto directo con los pacientes infectados. 

Las garrapatas no suelen ser tan agresivas como para tomar la iniciativa y buscar una víctima para colgarse, y el doctor José Antonio Otelo, investigador del Centro de Investigación Biomédica de La Rioja, España, dio a El Mundo su hipótesis: "Es muy probable que su agresividad esté relacionada con el cambio climático". Estudios realizados con la típica garrapata negra de los perros han mostrado que ésta se activa con el calentamiento de la atmósfera.

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