El 8 de junio de 1972, Kim Phuc, de nueve años de edad, fue inmortalizada en una fotografía en el contexto de la guerra de Vietnam,  cuando un avión estadounidense lanzó una bomba de Napalm en la zona de la población de Trang Bang.


El fotoperiodista de AP, conocido como Nick Ut tomó una foto de ella desnuda y abrasada por la gasolina. Un click que le valió un premio Pulitzer, ayudó a terminar con la guerra de Vietnam, pero sobre todo, dio inicio a una gran amistad que continúa hasta el día de hoy.


Una foto que llenó portadas y conmovió al mundo entero al mostrar las consecuencias de la guerra sobre la población civil, una foto,  que guarda tras de sí la importancia de las relaciones humanas más allá de las banderas y de las guerras.


Y es que Nick Ut no se limitó a tomar la foto, como él mismo explica: “Cuando la vi pasar a mi lado, con la piel de la espalda quemada, dejé mi cámara y le vertí mi cantimplora sobre las heridas. Un periodista de la BBC la tomó en sus brazos y juntos la llevamos al hospital”. Una vez que llegaron al hospital, le dijeron que no había nada que hacer. Pero mostró su insignia de prensa estadounidense y pidió que los médicos la atendieran y le aseguraran que no la iban a olvidar. “Si no la ayudaba, si algo le pasaba y moría, creo que me hubiera suicidado”, confiesa.


Los médicos creyeron que no iba a sobrevivvir y la llevaron al tanatorio. Al ver que sobrevivía, la enviaron a un hospital para personas quemadas, donde estuvo 14 meses en tratamiento.  La vida de Kim siguió normalmente en Trang Bang. Nick Ut la siguió visitando hasta que las fuerzas del norte tomaron el control del sur en 1975.


Desde ese día,  y durante los años siguientes Ut y Phuc siguieron en contacto y nunca lo perdieron.  “Desde entonces es como si fuésemos familia”, dice Ut,  “la llamo y me preocupo mucho por ella” , hasta el punto que fue a la boda de uno de los hijos de Kim Phuc.


“Hoy estoy feliz de haber ayudado a Kim”, dice Ut, que sigue trabajando para AP y que volvió recientemente a la aldea de Trang Bang. “La llamo mi hija”, afirma.


Kim Phuc, quien  reside ahora en Canadá, fue nombrada embajadora de la Buena Voluntad de la Unesco, conviertiéndose  en símbolo mundial de la reconciliación.

 

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