Tres habitaciones, televisión plasma y hasta una biblioteca con la colección en dvd de la serie sobre el colombiano Pablo Escobar. El narcotraficante brasileño Jarvis Chimenes Pavao vivía entre lujos en la cárcel Tacumbú de Asunción, una de las más hacinadas de Paraguay.

El hallazgo de una bomba de explosivos plásticos en los muros del penal el martes en la noche, no solo reveló que el artefacto iba ser usado presuntamente para una fuga de película, sino que Chimenes Pavao vivía desde 2009 en una celda con todas las comodidades y bajo la complicidad comprada de altos funcionarios.

Tres dormitorios con baño privado, una cómoda cama cubierta de edredones e incluso una biblioteca donde entre varias obras resalta la serie completa de "Pablo Escobar", sirvieron de suntuoso albergue al brasileño, condenado por lavado de dinero y buscado en su país por narcotráfico, observó la AFP en una visita guiada por las autoridades de justicia.

"La celda de Chimenes Pavao vamos a demolerla y vamos a tomar medidas contra los directores que permitieron los privilegios para este condenado", dijo el flamante ministro de Justicia Ever Martínez, quien asumió el jueves pasado ante la destitución por este escándalo de la ministra Carla Bacigalupo.

El propio presidente paraguayo Horacio Cartes se encargó de despedir a la ministra.

Al interior de la cárcel de Tacumbú muchos presos lamentaron que su célebre compañero, habitante de la "celda VIP", como la conocían, haya sido trasladado tras revelarse los privilegios de su detención.

"No sé qué va a ser de nosotros sin él", dijo uno de los prisioneros que no quiso identificarse al afirmar que Chimenes Pavao era generoso y daba fondos para arreglar la cancha de fútbol y la capilla de la cárcel, también pagaba por su seguridad adentro del penal.

Josieux, un brasileño preso, admitió que en el penal "se vive en la miseria" fuera del pabellón de Chimenes Pavao. En Tacumbú hay unos 3.500 internos, el doble de su capacidad.

Todos sabían

La abogada del narcotraficante, Laura Acasuso, afirmó que varios ministros de Justicia y exdirectores de Tacumbú estaban al tanto de los privilegios de Chimenes Pavao y de otros presos prominentes.

"Seis o siete ministros de Justicia y seis o siete directores conocen de sus aportes", aseguró Acasuso.

Antonio González, uno de los presos del pabellón de Pavao, admitió que el condenado era "el hombre más querido del penal".

Considerado como uno de los narcotraficantes más peligrosos de la región y heredero del otrora poderoso Fernandinho Beira Mar, preso en una cárcel de máxima seguridad en Brasil, Chimenes Pavao fue acusado como supuesto autor intelectual del crimen en junio de un conocido empresario, Jorge Rafaat, en la frontera con Brasil.

"El (Chimenes Pavao) nunca dijo que fue un santo pero cumplió el castigo que le impuso la justicia y colabora con dinero que genera lícitamente a través de sus empresas", defendió Acasuso.

Según la abogada, el narcotraficante "tiene 1.200 personas que emplea en sus empresas". Acasuso ingresó junto a los periodistas durante el reconocimiento de su albergue de lujo en la prisión.

La abogada reveló que Chimenes Pavao, entre otros aportes, colaboró en la construcción de habitaciones para los directores, baño privado para los funcionarios, mejoras en la biblioteca, en el salón de visitas y hasta en la alimentación diaria de 80 internos, incluido el pago a los cocineros.

También precisó que el narcotraficante seguía haciendo donaciones desde la cárcel y financiando obras para barrios humildes en distintas partes de Paraguay.

Según los expertos antidrogas de Paraguay, la frontera seca noreste -donde Pavao sentaba su fortaleza- es el puente del tráfico de cocaína y marihuana con destino a Sao Paulo Y Rio de Janeiro.

Un 'rey' en la miseria

Como en muchas de las prisiones latinoamericanas, en Tacumbú hay presos que en el hacinamiento duermen en el piso, pasan hambre, frio y los motines están a la orden del día. Pero Chimenes Pavao pagaba por su seguridad.

Según revelaron algunos presos, cuidarlo era un privilegio tanto para los reclusos seleccionados para hacerlo, como para los guardiacárceles.

Un ex preso, el ingeniero Osvaldo Arias, aseguró en declaraciones a la televisión que al pabellón VIP del brasileño se accedía pagando 5.000 dólares, más una cuota semanal de unos 600 dólares.

Esos pagos daban opción a visitas a cualquier hora de parejas, familiares y amigos y el uso de celulares y toda la tecnología de internet.

En el infierno exterior al pabellón de privilegiados, están los reclusos que sin colchones "duermen sobre diarios o cartones", denunció la jueza Ana María Llanes, quien participó de la visita con la prensa.

En junio "murieron dos presos de hambre y frío", dijo un recluso brasileño que se identificó como Josieu. Otros seis internos fallecieron a causa de un incendio.

"Es una lástima lo que hacen con él", dijo otro preso, un economista condenado por el robo a un transportador de caudales. "Esto tiene trasfondo político", protestó.

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