El presidente electo sigue residiendo en Nueva York y las autoridades locales han anunciado un plan de seguridad especial hasta que se mude a la Casa Blanca. El objetivo es evitar atentados y proteger la residencia presidencial ante las protestas de los últimos días.

Policías armados, calles cortadas y aceras ocupadas, es la estampa que deja el nuevo escenario desde que Trump fue elegido presidente. 

Desde hace una semana, miles de personas se concentran pacíficamente casi a diario frente al edificio para expresar su malestar y sus miedos por lo que deparará el gobierno de Trump.

La vida del centro de Nueva York se está viendo alterada,  dada la nueva función de su torre de Manhattan, en plena Quinta Avenida, convertida en su cuartel general, lo que ha obligado a cortar dos de los cinco carriles de la famosa Quinta Avenida de la ciudad por medidas de seguridad.

Vecinos y comerciantes se quejan del tráfico, de los controles de seguridad y del aumento de turistas. Incluso el alcalde, tras reunirse con el magnate para decirle a la cara que se niega a deportar a los inmigrantes ilegales de Nueva York, ha mostrado su preocupación por los problemas que hay a las puertas de la Torre Trump.

Las medidas de seguridad podrían cambiar sin embargo de aquí a la investidura el 20 de enero en Washington, porque la torre fue construida antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y del derrumbe del World Trade Center.

De momento sólo han sido cerradas las entradas laterales. Por una de ellas, la que da a la calle 56, entran y salen las personas que se reúnen con Trump y que quieren evitar a los periodistas que montan guardia en el vestíbulo.

Pero el caos que se vive fuera también se vive en su interior y está paralizando el traspaso de poderes por la división manifiesta dentro del partido republicano y los abandonos y peleas para formar su equipo de gobierno.

Trump, por su parte lo niega y vuelve a cargar contra la prensa en un desprecio  a los medios que amenaza con instalarse en la Casa Blanca. Los medios están inquietos. Ni siquiera tienen la certeza de que se arme un "pool" de periodistas que lo sigan en sus actividades.

El equipo de transición del empresario tampoco facilita su agenda diaria, como pasó en anteriores traspasos presidenciales, para desazón del pequeño grupo de periodistas que intenta cubrir en la Torre Trump de Nueva York las continuas idas y venidas de personas de confianza del multimillonario para confeccionar su Gabinete.

 

 

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