Se esperaban casi 6.000 personas, pero no fueron más de 2.000 los ultraderechistas que marcharon por Berlín esta tarde para hacer público su rechazo a la canciller Angela Merkel y su política en la crisis de refugiados.

A los gritos de "Merkel debe irse" la protesta ultraderechista transcurrió entre fuertes medidas de seguridad, vigilada por unos 1.700 agentes de seguridad. "La manifestación de los de ultraderecha no era tan numerosa, pero sí provocó harto ruido. Estaban altamente acordonados por la policía. Por otra parte, la 'contra-marcha' que tenía como consigna 'Nazifrei' (o libre de nazis) fue mucho más numerosa", dice Jaime Liencura, periodista chileno residente en Berlín.

Los momentos de tensión se vivieron al topar esta marcha con las marchas de colectivos antifascistas y las contramanifestaciones convocadas por los ciudadanos que abogan por una Alemania abierta a Europa y al mundo.

Frente al edificio parlamentario Paul Löbe, situado junto al Reichstag y frente a la Cancillería, varios ultraderechistas lanzaron botellas a unos contramanifestantes congregados bajo el lema "Por un Berlín mixto y abierto al mundo", y al menos cinco fueron arrestados.

Dichas contramanifestaciones fueron mucho más numerosas. Según la policía local, ambas reunieron a alrededor de 8.400 personas.

Pureza de raza que no existe
Los xenófobos alemanes apelan en su discurso a una pureza racial que no existe y que nunca ha existido ni en Alemania ni en ningún país del mundo; el país más poblado de Europa hace tiempo que es una sociedad mixta con un importante número de inmigrantes, principalmente turcos (1,5 millones de personas procedentes de dicho país viven en Alemania).

Este discurso se ha acentuado en el último año sobre todo por la manera en que la Alemania de Angela Merkel ha llevado el tema de los refugiados. Aunque las plazas que se les han abierto han sido muchas menos que las que la canciller ha prometido, para los xenófobos ultraderechas Alemania debiese cerrar sus fronteras a lo que llaman una "invasión musulmana".

Alternativa para Alemania (AfD), un emergente partido populista de derechas, y el movimiento xenófobo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) llevan meses lanzando sus dardos en la misma dirección.