Independientemente del resultado de la consulta británica por la salida o la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, este referendo significa un cambio para la comunidad de los veintiocho. Y si bien los mercados se verán afectados por cualquier resultado, es el impacto político y sus consecuencias lo que se ve más preocupante.

El cuestionamiento de parte de Gran Bretaña a las instituciones europeas llega en un momento complicado, en el que la crisis de los refugiados ha significado una verdadera prueba de fuego para los valores europeos dando impulso a los nacionalismos y al auge de la ultraderecha conservadora en distintos países. “Bruselas debería tratar al referendo del Reino Unido como un llamado de atención”, decía Sophia Besch, investigadora del European Reform Center de Londres, a Publimetro sobre el Brexit.

Polonia, Eslovaquia, Hungría y Chequia han mostrado de distintas maneras su incomodidad con la Unión a la que pertenecen. Los ultraderechistas polacos de Ley y Justicia han reformado las leyes civiles dando un giro hacia sí mismos y criticando las políticas europeas, tanto así que la Comisión Europea les ha tenido que llamar la atención. Las manifestaciones nacionalistas y proeuropeas no se han hecho esperar en una sociedad ultra católica conservadora a la que le conviene mantenerse en la UE, sobre todo por la pésima relación política que tienen con los rusos.

Los checos tampoco verían con malos ojos una salida de la UE, a la que ingresaron en 2004. Su primer ministro, Bohuslav Sobotka, dijo en febrero que su país no tendría problemas en seguir al Reino Unido en caso de que salga de la unión, desconsiderando los miles de millones de euros que Chequia recibe en ayudas por parte del Banco Central Europeo.

Los ultranacionalistas daneses también están presionando a su gobierno para que convoque a un referendo, pensando en la popularidad que tiene la opción "salir" de la Unión Europea en Gran Bretaña. En Holanda también han habido manifestaciones serias cuestionando los valores democráticos de Bruselas. Grecia, el país más afectado por la crisis económica desde 2008 a la fecha, ha tenido que luchar contra las decisiones de la "troika", las instituciones europeas que desde la capital belga han condicionado el acceso de los griegos a los rescates financieros. Yankis Varoufakis, ex ministro de Finanzas griego que estuvo en las negociaciones de principios de año entre su país y la UE, ha cuestionado también la legitimidad democrática con que se toman las decisiones. A pesar de esto, no es partidario del separatismo. "El Reino Unido y la UE no necesitan divorciarse, necesitan terapia", dijo hace unos días.

Francia también está cuestionando fuertemente a las instituciones de Bruselas. El partido ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen ya ha anunciado sus intenciones de convocar a una consulta nacional para conocer la opinión ciudadana sobre la Unión Europea. “La UE tiene razones para temer un efecto dominó a raíz de la votación”, decía Besch. Incluso los países miembros de Gran Bretaña como Escocia, que ya ha mostrado intenciones de separase de un grupo liderado por los ingleses, podrían volver a manifestarse.

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