El 22 de octubre pasado, en un evento en Gettysburg, Pennsylvania (donde ganó en las elecciones), Donald Trump presentó su plan para, en ese momento, sus hipotéticos primeros 100 días de campaña. Hoy, la implementación de su plan será una realidad, y desde el mismo 20 de enero, día en que asume la presidencia de Estados Unidos, Trump empezará a realizar cambios en distintas áreas.

Corrupción y colusión en Washington
Según lo publicado por su campaña el 22 de octubre, el primer día de gobierno Trump pretende proponer una enmienda constitucional para limitar los periodos de todos los miembros del Congreso.  Mitch McConnell, senador por Kentucky y líder de la mayoría republicana del Senado, aseguró que esto no está dentro de las prioridades de los parlamentarios.

Trump pretende, además, comenzar inmediatamente con una reducción sustancial de los empleados federales del país, exceptuando las áreas militares, de seguridad pública y de salud pública. Por lo tanto, se teme que haya despidos masivos de personal.

También ha anunciado una prohibición de cinco años para que los políticos que han trabajado en el Congreso o en la Casa Blanca hagan lobby después de dejar sus cargos.

Protección de la clase media trabajadora
​Trump pretende ejecutar, desde el primer día de gobierno, una serie de medidas para proteger a la clase trabajadora estadounidense, a quienes aseguró que no los olvidará durante su gobierno. Primero que todo, anunciará sus intenciones de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Nafta, entre Canadá, Estados Unidos y México. Según Trump, este ha sido uno de los factores más perjudiciales para la fuga de empleo en algunos estados, principalmente en los del Medio Oeste industrial.

También, bajará las restricciones fiscales a la industria que base su producción en combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural y el carbón limpio. Con esto busca fomentar la creación de empleo interno, y ha sido calificado por los ambientalistas como uno de los mayores peligros para el medioambiente mundial, ya que implicaría un deslizamiento de los acuerdos de París llevados a cabo hace un año.

Ha anunciado, además, que pretende deshacer todas las prohibiciones hechas por Clinton y Obama a la infraestructura energética del país, siendo el caso más emblemático la construcción de una tubería petrolera que cruzará el país desde Canadá a Houston, llamada Keystone Pipeline, y que fue detenida por la presión de los ambientalistas y de las comunidades nativas.

En esta línea, pretende cancelar todos los aportes financieros de Estados Unidos a los programas contra el cambio climático de las Naciones Unidas. Con ese dinero, pretende reparar los sistemas de aguas y la infraestructura medioambiental interna, a la que ha calificado como “desastrosa”.

Restauración de la seguridad y de la ley
El nuevo presidente anunció cinco medidas para restaurar el lamentable estado en el que, según él, se encuentra la implementación de la ley en el país. Prometió cancelar inmediatamente todas las acciones “inconstitucionales” que según él ha llevado a cabo el presidente Obama. Además, empezará con el proceso de selección de reemplazo para Antonin Scalia, jurista estadounidense asociado a la Corte Suprema de Estados Unidos, entidad encargada de aprobar las enmiendas constitucionales y deliberar si es que estas son legales o no.

Inmigración
Los anuncios más polémicos de Donald Trump han sido relacionados al tema de la inmigración. El 22 de octubre pasado anunció que, apenas asuma la Casa Blanca, comenzará con su plan de deportación de más de 2 millones de inmigrantes ilegales “criminales”, y suspenderá todo tipo de visas a sus países de procedencia en caso de que no los acepten de vuelta.

Además, suspenderá inmediatamente todo permiso de inmigración a los países en guerra y aquejados por el terrorismo. Esto deja en el aire los planes de aceptación de refugiados sirios que ha llevado a cabo Obama y que Hillary Clinton pretendía profundizar, por ejemplo, con los ciudadanos sirios.

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