Jefes de Estado y ministros de más de 180 países abren este martes en Marrakech la 22ª conferencia de la ONU sobre el clima (COP22) a la sombra de la elección en Estados Unidos de Donald Trump, un declarado escéptico del cambio climático.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quiso tranquilizar de nuevo al mundo poco antes de la apertura de la cita, la primera desde el histórico Acuerdo de París de hace un año para luchar contra el calentamiento del planeta.

Ban se declaró "optimista" y dijo que Trump, que ha dicho que sacará a Estados Unidos del Acuerdo de París, "entenderá la urgencia del cambio climático".

"Estoy seguro de que tomará una decisión buena, adecuada", añadió Ban ante la prensa.

El secretario general de la ONU alabó el pasado empresarial de Trump, y aseguró que entenderá que el cambio climático se ha convertido también en una oportunidad de negocios.

Proceso imparable
Estados Unidos es el segundo emisor de gases de efecto invernadero del planeta, por detrás de China. Bajo el gobierno de Barack Obama ha sido también uno de los motores esenciales de las difíciles negociaciones sobre el clima, que desembocaron en el histórico Acuerdo de París, que entra en vigor en 2020.

La COP22 de Marrakech da la señal de partida para definir el calendario y las reglas de aplicación del Acuerdo en los próximos tres años, principalmente para que los países se examinen mutuamente.

Las negociaciones también deben empezar a definir cómo se entrega la ayuda financiera prometida a los países del Sur, los más afectados por el calentamiento del planeta, para transferirles la tecnología necesaria, y para decidir finalmente las inversiones en mitigación (lucha contra el cambio climático) y en adaptación.

A Marrakech han acudido unos 80 jefes de Estado y de gobierno y ministros, según la ONU. En total, 196 países firmaron el Acuerdo de París, 109 lo han ratificado.

Si Trump decide retirarse del Acuerdo de París, como prometió durante la campaña electoral, el tratado seguirá en vigor, según los especialistas, puesto que la mayoría de países emisores (incluido Estados Unidos) ya lo ratificaron.

Pero una medida de ese tipo dinamitaría sin duda el proceso negociador. Muchos países podrían verse tentados de abandonar la mesa, o de retrasar la aplicación de sus compromisos, que por otra parte no son legalmente vinculantes.

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