Han sido hasta 13, algunos operando en la sombra y otros aprovechando los reflectores para avivar el show, pero los abogados de Joaquín el Chapo Guzmán han sido sobretodo un arma de doble filo para el capo: claves para sus negocios pero también para su caída.

Con la supuesta ayuda y planificación de uno de sus defensores, el ahora detenido Oscar Manuel Gómez, el Chapo logró construir un túnel kilométrico debajo de su celda y escapar por segunda vez de prisión hace ya medio año, según dijo la Procuraduría General de la República (PGR).

Su temido proceso de extradición a Estados Unidos tampoco se hubiera frenado si no hubiera sido por el trabajo de sus abogados.

Y fue gracias a Andrés Granados, uno de ellos, que el narcotraficante más poderoso del planeta pudo lograr un gran sueño: chatear con la actriz Kate Del Castillo para planear su ansiada película en Hollywood, aunque eso acabara ayudando a las autoridades para su reciente detención.

"Su equipo de abogados parece más bien un equipo de apoyo empresarial. Son socios, cómplices del negocio", asegura Raúl Benítez Manaut, experto en seguridad nacional de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

Extremadamente inteligente y respetuoso

La gran mayoría de ellos tiene un perfil bajo, aunque tal vez Juan Pablo Badillo, un letrado de 74 años que suele presentarse ante la prensa con traje y corbata, sea el más conocido y veterano de todos.

Badillo defendió a Guzmán en 1993, poco después de su primera detención en Guatemala y ocho años antes de su primera fuga.

El abogado definió a su escurridizo cliente en una entrevista con el diario estadounidense Washington Post como un hombre "extremadamente inteligente", de "la mayor fortaleza" y "respeto extremo" hacia los demás.

Lo visitó unas seis veces en la cárcel de El Altiplano desde su recaptura en febrero de 2014 y hasta julio, cuando se escapó por segunda vez de prisión.

Pero no fue el único.

El abogado Oscar Manuel Gómez, detenido en octubre de 2015 junto al cuñado del líder del Cártel de Sinaloa y acusado de orquestar su sonada fuga, lo visitó también varias veces, incluso a escasas horas de huir por el túnel.

"La vez pasada 13 abogados diferentes lo veían. Ahora vamos a ser mucho más estrictos, todas las fallas que se tenían se han corregido", aseguró la semana pasada el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

De hecho, Badillo se ha quejado de que sus abogados no han podido ver al capo desde que reingresó  al penal de máxima seguridad mexiquense el 8 de enero.

Pero Osorio Chong ha asegurado que uno de sus defensores, Jorge Rodríguez, sí lo pudo visitar.

Según un alto funcionario de prisiones, Rodríguez, Cynthia Castillo, Carlos Castillo, Alejandro Granados y Jorge Olmos son las únicas personas registradas como defensores del narcotraficante en la cárcel, aunque los mexicanos no sepan qué cara tienen.

El abogado que ni conoce ni cobra al Chapo

El rostro que conocen bien es el de José Luis González Meza, un anciano histriónico que se presenta como abogado del ex líder del Cártel de Sinaloa y que ha llegado a decir que ni a Adolfo Hitler se le trataría así siendo un prisionero.

La semana pasada, el menudo hombre de 73 años, originario de Tamaulipas, mostraba indignado ante la prensa las pantuflas afelpadas y la ropa interior para el capo que no le dejaron entrar al penal. Y el martes levantaba pancartas contra su extradición a Estados Unidos ante la Suprema Corte, a la que ha pedido formalmente que asuma el caso.

Su currículum es paradójico: preside una ONG de derechos humanos que defiende a los "más pobres", acompañó como abogado al director de la escuela de Ayotzinapa cuando fue citado a declarar por la desaparición de 43 estudiantes en 2014 y llegó a ser precandidato independiente a la Presidencia en 2012.

Ahora, Meza asegura defender al enemigo público número uno de México después de que "un familiar" suyo lo contactara poco después de su recaptura.

Cree que lo buscaron por su perfil izquierdista, porque tiene "denunciados por ladrones a todos los presidentes" mexicanos y por sus tres libros sobre uno de ellos, Carlos Salinas de Gortari: Un asesino en la Presidencia, México, el último dictador y Carlos Salinas, narcotraficante.

No conoce a Guzmán ni espera cobrar un céntimo por defenderlo, pero no deja de hacer ruido a su favor en los medios.

"¿Sabes por qué me cayó bien? Su agrupación jamás secuestraba a gente pobre (...) yo quisiera saber de un político mexicano que haya dado dinero a los pobres. ¡Ninguno! Sin embargo esta gente sí, entonces yo considero que es muy loable", dijo Meza, considerando que los muertos atribuidos a Guzmán son "insignificantes".

"Finalmente, al defender yo al Chapo estoy atacando al Gobierno", confiesa Meza. De momento, los familiares de Guzmán Loera no lo han desacreditado.

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