No es que Nueva York no duerma porque esté preocupada por lo ataques terroristas, pero quizás debería ser ese su motivo. Ya en 1993 al-Qaeda la había pillado adormilada y no perdió la oportunidad de intentar hacer caer su principal emblema: el World Trade Center. Colocó un camión lleno de explosivos en el subterráneo de una de las torres para hacerla tambalear y, en un efecto dominó, se llevara puesta a la otra. Los terroristas fracasaron, pero ocho años después, en otro arrebato de sueño de la ciudad que nunca duerme, estrellaron sendos aviones contras las Torres Gemelas.

Raymond Kelly era el jefe de la policía de Nueva York en 1993, y en 2001 era el encargado de la seguridad de un banco. Cuatro meses después de los ataques a las Torres Gemelas, estaba de vuelta liderando a la policía neoyorquina, y creando por encargo del alcalde Michael Bloomberg la unidad antiterrorista más grande de una policía local en el mundo, con agentes en el extranjero y dirigida por un ex directivo de la CIA.

Con o sin torres, Nueva York era, es y seguirá siendo ícono cultural del occidentalismo estadounidense. Y Kelly, encargado de la seguridad de la ciudad entre 1992 y 1994, y entre 2002 y 2013, era consciente de eso. Hace algunos días, aseguró en entrevista con el diario El País de España que en su segundo periodo detuvieron 16 ataques del extremismo islamista a Nueva York, entre los que se encuentran planes para derribar la Estatua de la Libertad, destruir el puente de Brooklyn, hacer explotar Time Square e inundar el sur de Manhattan.

“Creo que Kelly se queda corto, yo diría que 16 fueron los planes que se conocieron, o sea que las autoridades de Estados Unidos pueden corroborar que realmente hubo intenciones concretas”, dice Joseph Fitsanakis, profesor del programa de estudios de Inteligencia y Seguridad Nacional de la Coastal Carolina University de EEUU. “Fueron ataques planeados, con distintos niveles de desarrollo y que fueron tramados por distintos grupos”, agrega el experto.

En esa línea, asegura que se sabe con hechos que al-Qaeda planeó atacar estructuras simbólicas de Nueva York, como la Estatua de la Libertad. Además, que consideró usar “armas químicas” como medio de ataque, y que habían estado experimentando con distintos tipos de virus de enfermedades altamente contagiosas. E incluso, que se pensó en realizar ataques con armas nucleares en suelo estadounidense, cosa que fue detenida por el propio Osama bin Laden, consciente de que eso significaría cruzar un punto de no retorno y provocar una respuesta tremenda de Estados Unidos.

“Esto no quiere decir que todos estos planes hubiesen llegado a un punto de desarrollo importante. Varios de ellos fueron descubiertos y detenidos por el FBI y las agencias de inteligencia en fases muy tempranas de desarrollo”, puntualiza Fitsanakis.

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