Donald Trump y Hillary Clinton llenan las portadas de los diarios y sus páginas de política y de internacional. La televisión no deja de mostrarles, mientras los analistas se rompen la cabeza tratando de dilucidar qué es lo que pasará el próximo 8 de noviembre. Las noticias sobre sus estados de salud, sus declaraciones fiscales, lo que comen y lo que pesan se puede ver, leer y escuchar todos los días, como si fuesen los únicos candidatos en disputa. En plena cultura del entretenimiento, las grandes cadenas de noticias de Estados Unidos promocionan el debate entre Clinton y Trump como si fuera una lucha de la WWE. Pero en realidad, aunque sea un hecho que uno de los dos será el próximo presidente de Estados Unidos, no son los únicos que están en competencia.

El Partido Demócrata y el Partido Republicano son los animadores de un sistema bipartidista como muchos otros en el mundo, donde las condiciones para estar en la papeleta de votación en cada estado les quita visibilidad a los llamados “terceros partidos”, que son los que están concentrando el voto “millennial”, o sea, de los jóvenes nacidos después de 1980. Estos son partidos con fuerte representación local en algunos estados, y que para estas elecciones han llamado la atención de los electores a los que Clinton y Trump les cuesta llegar. Poco a poco han alcanzado notoriedad nacional, aunque sin llegar a ser realmente competitivos en las elecciones presidenciales. Es por esto que no estarán en el debate del 26 de septiembre ni en los otros dos; la Comisión de Debates Presidenciales pide al menos 15% de apoyo nacional a los candidatos para poder “calificar” a los debates.

“El objetivo de estos candidatos en las elecciones presidenciales es ganar apoyo, visibilidad y afirmación sobre sus posiciones políticas”, dice Jack A. Goldstone, sociólogo y cientista político, doctor de la Universidad de Harvard. “También buscan consolidar fuerzas para futuras elecciones”, agrega. Los estadounidenses son conocedores del poder de las imágenes y los símbolos: hicieron el primer debate presidencial televisado de la historia en 1960, entre el demócrata John Kennedy y el republicano Richard Nixon. La bandera y los símbolos de Estados Unidos están por todas partes en las principales ciudades del país, aunque no sea el 4 de Julio, y en todos los países donde han podido exportarla como símbolo de la democracia. Aún así, a los candidatos de los “terceros partidos” les ponen condiciones durísimas para poder aparecer en pantalla y defender sus ideas. “Esto debiese ser cambiado”, dice Steven Olikara, cofundador del Millenial Action Proyect (MAP), una organización política sin fines de lucro y con presencia nacional que trabaja con jóvenes líderes políticos. Jóvenes: son el 31% del electorado apto para votar, y los pocos que han decidido hacerlo lo están haciendo por los candidatos excluidos por el sistema. “Eso es lo mismo que votar por Donald Trump”, dice Elizabeth Sherman, profesora del Departamento de Gobierno de la American University de Washington D.C.

¿Quiénes son estos candidatos?

El anti “establishment” de los verdes
El Partido Verde (Green Party of the United States) fue fundado en 2001 en base a la Asociación de Partidos Verdes Estatales, un grupo de organizaciones políticas cuyas consignas estaban inspiradas en promover el ambientalismo, la justicia social y la no violencia, la igualdad de género y los derechos Lgbt, además del antirracismo. Todas, consignas incluidas en la campaña de Bernie Sanders, quien perdió las primarias demócratas ante Hillary Clinton; según una encuesta de CNN publicada a principios de agosto, la candidata verde Jill Stein estaría acaparando el 13 por ciento de los votos de Sanders.

Jill Stein es una médica pediatra graduada de Harvard, profesora y activista ambientalista nacida en Chicago hace 66 años. Las consignas de Stein son principalmente dirigidas contra el Partido Demócrata, a quienes les acusa de usar eslóganes de cambio para ganar electores. Ya se presentó a las elecciones presidenciales de 2012, donde obtuvo un 0,4% de los votos. Y según los últimos datos publicados por la consultora RealClear Politics, Jill Stein estaría consiguiendo un 3,2 por ciento de las preferencias en las elecciones de noviembre.

Gary Johnson, el ganador
El Partido Libertario de Estados Unidos es más antiguo que el Verde, y para estas elecciones está consiguiendo mucho más apoyo, sobre todo de los “millenials”. “El 17% de todo su apoyo viene de los jóvenes”, explica Olikara. Los libertarios on partidarios del libre mercado, respetuosos de las libertades individuales y de la propiedad privada. Algunos están a favor del aborto y de la despenalización de las drogas.

Gary Johnson, el candidato a la presidencia por los libertarios, fue gobernador del estado de Nuevo México por los republicanos, pero se salió del partido por considerar que no recibió apoyo en sus intenciones de ser candidato presidencial el 2012. Es por esto que se unió a los libertarios, consiguiendo la nominación oficial para esa elección en la que obtuvo poco más del 1 por ciento.

Pero esta vez, a pesar de no saber qué es Alepo, está consiguiendo un inédito 8% según RealClear Politics. Además, es el primer candidato de un tercer partido que logra meterse en las papeletas de todos los estados en 20 años. “Johnson ya es un ganador por esto”, dice Jack Goldstone.

La importancia de los terceros candidatos se ha tornado vital en estas elecciones. Bernie Sanders ya hizo un nuevo llamado a sus electores en las primarias, la mayoría “millennials”, a no ejercer el voto protesta porque “no es el momento”, consciente de que cada voto contará. Según la última encuesta de CNN publicada a mitad de septiembre, cuando todos los candidatos son opciones de respuesta, la diferencia entre Clinton y Trump es mínima (42 por ciento para ambos), obteniendo Hillary una ventaja de 4 por ciento (46-42) cuando las opciones son sólo ellos dos.

 

PUB/IAM