La fiesta de Año Nuevo da para todo. La celebración, que trae consigo la esperanza y la ilusión de un nuevo ciclo solar, nuevas oportunidades y mejoress expectativas, comienza con las tradiciones que refuerzan estas ideas. Mientras en Chile comemos una uva por cada mes del año, una cucharada de lentejas y salimos corriendo con las maletas vacías para viajar, en otros países algunas de las formas de atraer a la diosa fortuna son tan insólitas como divertidas.

Besos estadounidenses
Al momento del cambio de año, los gringos no se despegan de su pareja. Saben que deben besarse con alguien para espantar la soledad. Incluso, diarios como el Washington Times han hecho estudios sobre el tema. No se sabe bien de dónde viene esta tradición, pero es parecida a la que tenían los romanos en la fiesta de Saturnalia, dedicada a Saturno, dios de la agricultura, y cuya fecha es muy cercana a la de nuestro Año Nuevo. En ella, además de compartir regalos y banquetes, todos los asistentes se besaban. Por ende, el rito habría viajado en barco con los primeros colonos ingleses, quienes fueron provincia del Imperio Romano hace más de mil años.

Otro año, cambio de muebles
En el distrito de Hilsboro de la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica, los habitantes de esta ciudad acostumbran a tirar todos los muebles viejos que tienen en sus casas por la ventana, como microondas y aparatos eléctricos malos hasta camas enteras. Es en representación de deshacerse de todo lo antiguo y empezar el año renovado. Esto también se hace en las provincias del sur de Italia, para que nada viejo les acompañe en el nuevo año.

Brasileños inmaculados
Los brasileños apelan al atuendo. La noche del cambio de año, toda la ropa debe ser blanca. Las prendas blancas aseguran, para ellos, un año armónico. Y si se complementa con una prenda roja, como la ropa interior, se está haciendo un llamado directo al amor. También las mujeres, para mejorar las relaciones personales e incrementar la fertilidad, esparcen flores y liberan barcos de papel al mar en homenaje a la diosa Yamanja.

Los rusos, dos veces
En Rusia, tanto el calendario gregoriano (el nuestro) como el juliano están vigentes. Por lo tanto, hay dos años nuevos en dos semanas. Imagínate, dos fiestas de año nuevo, con el lapso necesario como para recuperarte de la primera y darle “con todo” a la segunda. Como el calendario juliano va 13 días atrasado con respecto al gregoriano, los rusos tienen motivos para festejar por partida doble y a lo grande, como es costumbre en Rusia.

PUB/FHA