La organización Estado Islámico secuestró al menos a 400 civiles en la ciudad siria de Deir Ezor, después de matar a más de un centenar de personas en esa localidad, la última atrocidad del grupo yihadista.

"Entre los secuestrados, todos ellos sunitas, hay mujeres, niños, familias y combatientes prorrégimen", dijo el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Las víctimas fueron secuestradas en Al Bgheliyeh, la periferia noroeste de Deir Ezor (este), y en las inmediaciones, para ser conducidas a regiones en poder del EI de la provincia del mismo nombre y de la vecina Raqa, según el director del OSDH, Rami Abdel Rahman.

Este último teme que el EI "ejecute a civiles y convierta a las mujeres en esclavas sexuales, como ya hizo en el pasado".

El sábado, el EI lanzó una ofensiva de gran envergadura en varios sectores de Deir Ezor, conquistando en torno al 60% de la ciudad, aunque algunas partes y un aeropuerto militar cercano siguen bajo control del régimen.

Según el OSDH, las tropas gubernamentales y las del EI protagonizaron algunos combates intermitentes en el noroeste de la ciudad este domingo, mientras que Al Bgheliyeh fue bombardeada por la aviación rusa, aliada del régimen.

Antes del rapto masivo de civiles en esa localidad, los yihadistas habían matado al menos a 85 civiles y a 50 combatientes prorrégimen, la mayoría ejecutados, según la misma ONG.

Combates en Alepo

La agencia oficial siria Sana denunció una "masacre" y evocó "300 civiles muertos".

De confirmarse este balance, se trataría de una de las peores masacres perpetradas en un solo día desde el inicio del conflicto en marzo de 2011.

Al EI, que aprovechando el caos en Siria se hizo con grandes territorios del país, se le atribuyen todo tipo de atrocidades - ejecuciones, secuestros, violaciones, limpieza étnica-, tanto en Siria como en Irak.

Acusado por la ONU de crímenes contra la Humanidad, el grupo ha perpetrado varias ejecuciones masivas en Siria en el pasado, entre ellas la de 900 miembros de la tribu de los Chaitat en Deir Ezor, que se opuso a los yihadistas en 2014.

Este nuevo baño de sangre se produce mientras las fuerzas prorrégimen de Bashar al Asad se enfrentan a los yihadistas en la provincia de Alepo (norte).

Los prorrégimen tratan de conquistar, con apoyo aéreo ruso, la ciudad de Al Bab, en manos del EI desde finales de 2013, tras haber retomado varias ciudades en los alrededores, y actualmente se encuentran a menos de 10 kilómetros.

Esfuerzos diplomáticos

En Alepo, los combatientes prorrégimen tratan de cortar el acceso de los rebeldes a la ciudad, dividida entre barrios progubernamentales y barrios de la oposición.

"El ejército trata de ampliar su zona de seguridad en torno a la ciudad" de Alepo e impedir que a los rebeldes reaprovisionarse, según una fuente de seguridad.

El régimen, que el pasado verano boreal se vio en serias dificultades, ha retomado la ofensiva tras la entrada en el conflicto a finales de septiembre de Rusia, fiel aliado de Damasco, que desde entonces ha llevado a cabo miles de bombardeos.

Los progubernamentales esperan debilitar al EI, que controla una parte de esa provincia del norte de Siria y que es vecina de Raqa, la que se ha convertido de facto en la capital del grupo yihadista en este país.

En esa ciudad, nuevos bombardeos de las fuerzas prorrégimen dejaron 40 civiles muertos, entre ellos ocho niños, según el OSDH, que no pudo precisar si fueron realizados por aviones rusos o por aparatos del gobierno de Bashar al Asad.

Desde el inicio del conflicto, 260.000 personas han muerto en Siria y millones se han visto desplazadas o exiliadas.

Tras varias tentativas fallidas para resolver el conflicto, la ONU tratará nuevamente de reunir al régimen y a la oposición el 25 de enero en Suiza para negociar un alto el fuego y una transición pacífica.

PUB/CM