Berlín autorizó el viernes una demanda penal interpuesta por Ankara contra un humorista alemán que trató al presidente turco de zoófilo, un caso que ha envenenado las relaciones con Turquía, socio clave para contener el flujo de migrantes a Europa.

Tras una semana de discusiones internas, la canciller Angela Merkel anunció su "autorización" para que la fiscalía inicie un proceso contra el célebre cómico Jan Böhmermann por "insultos a un representante de un Estado extranjero", delito previsto en el artículo 103 del código penal y que contempla condenas de hasta tres años de prisión.

Al mismo tiempo, la canciller anunciaba su intención de suprimir la ley que permite este tipo de denuncias con una reforma legislativa que se hará efectiva en 2018.

Adelantándose a posibles críticas, Merkel subrayó que la autorización a recurrir al artículo 103 no significaba que el humorista fuera culpable ni que hubiera sobrepasado los límites legales de la libertad de expresión.

"En un Estado de derecho, la justicia es independiente (...) está en vigor la presunción de inocencia", aseguró.

"Dar una autorización para un procedimiento penal para ese delito particular (...) no es una condena a priori de las personas implicadas ni una decisión sobre los límites de las libertades en el arte, la prensa y la opinión", afirmó, insistiendo en que "los fiscales y los tribunales tendrán la última palabra".

La aplicación de este artículo del código penal solo puede darse con la aprobación del gobierno federal alemán y la petición oficial del gobierno extranjero, en este caso el turco. Ahora será la fiscalía la que decidirá si inicia el proceso judicial.

Las críticas no han tardado en llegar, sobre todo porque el presidente turco Recep Tayyip Erdogan también ha presentado una denuncia por injurias en tanto que persona privada, un proceso que no requiere ninguna autorización particular.  

La cuestión opone a Merkel y a sus socios socialdemócratas en el gobierno: "Considero que es la mala decisión. Un proceso por delito de lesa majestad no cabe en una democracia moderna, reaccionó el Twitter el jefe de los diputados del SPD Thomas Opperman.

Antes, el ministerio alemán de Relaciones Exteriores se había mostrado "escéptico" sobre el recurso al código penal al tratarse de relaciones entre países.

-'Sumisión' a Erdogan -

Para la oposición, Merkel ha sacrificado los valores de la democracia para preservar sus relaciones con Turquía, socio esencial de la Unión Europea para resolver la crisis de los refugiados en Europa.

Ankara formalizó una protesta este mes, después de que el popular Jan Boehmermann recitara un poema en el que afirmaba que Erdogan mantiene relaciones sexuales con cabras y ovejas, y lo tachaba de pedófilo.

El propio cómico explicó en antena que era consciente de que su sátira iba más allá de los límites de la libertad de expresión legal en Alemania. Su objetivo, explicó, era demostrar por medio del absurdo hasta qué punto el gobierno turco se había equivocado al criticar otro texto suyo, una canción difundida dos semanas antes, en la que criticaba la deriva autoritaria en Turquía.

El mundo de la cultura y los medios alemanes han apoyado ampliamente al humorista. Su cadena subrayó que, si bien el texto no era del mejor gusto, tampoco era "penalmente reprensible".

Numerosos medios han acusado a Merkel estos días de querer contentar a Erdogan, que ha amenazado con romper el acuerdo para contener el flujo migratorio hacia Europa si la UE no suprime el régimen de visas impuesto a los ciudadanos turcos.

 

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