“Yo no canté para los nazis en la guerra, lo hice para el pueblo alemán, lo que es muy distinto”.
Esta frase, escrita por la cantante chilena Rosita Serrano, es una de las muchas presentes de forma inédita en el libro “Rosita Serrano. La cantande chilena del Tercer Reich”, y que esclarecen la relación de la artista con la Alemania de Adolf Hitler. Fue rescatada por los periodistas Mariana Marusic y Maximiliano Misa para su proyecto de título universitario, que luego se transformó en el libro que publica Ediciones B y que se presenta hoy.


Marusic y Misa accedieron a decenas de documentos de primera fuente, como correspondencia y otros escritos nunca antes publicados de Serrano, y lo usaron para darle voz a la cantante en una biografía en la que hablan familiares y amigos directos. Y también sirven como columna vertebral del trabajo.
En el libro se relata cómo Serrano, cuyo nombre original era María Ester Aldunate del Campo, llegó a Alemania a finales de la década del 30 del siglo pasado y se transformó, a punta de talento y personalidad, en “El Ruiseñor Chileno”, una verdadera diva al nivel de Marlene Dietrich. Tanto así, que los soldados nazis la tenían como favorita y llevaban sus fotos al campo de batalla.
En esa Alemania, mientras Rosita Serrano era idolatrada tanto por la sociedad alemana como por las altas autoridades nazis, fue testigo directo de los acontecimientos que precipitaron a Europa y al mundo a la guerra más sangrienta en la historia moderna. La investigación relata cómo su determinación, sinceridad e inocencia la llevaron a codearse con algunos de los jerarcas autoritarios de esa época oscura de Alemania.


El mismo régimen que la alzó como diva de fama mundial, también fue motivo de su declive durante las décadas posteriores; el estigma nazi la persiguió durante un tiempo. Aunque también la responsabilidad de su declive la tiene ella misma, según los testimonios de amigos y amigas de la artista.
Aún así, Serrano se las arregló para codearse con la élite europea, árabe y africana durante mucho tiempo. Cenó en los palacios más lujosos, heredó fortunas que nunca pudo usar y viajó a las cortes reales de los últimos imperios del siglo XX.
“Ella tenía esa dualidad, era muy sofisticada para algunas cosas, pero muy sencilla para otras”, explica Mariana Marusic. “Podía hablar con cualquier persona, ir a comerse una cazuela a La Vega sin ningún problema”, agrega.


Los autores apuntan a la necesidad de la reconstrucción histórica del personaje, condenado al ostracismo durante mucho tiempo, como motivación para hacer el trabajo. “No existía un trabajo como este, solo algunos perfiles de prensa que tenían poca novedad”, explica Maximiliano Misa.
El libro también se hace cargo de algunos mitos, como de la afinidad de Serrano al régimen nazi. Lo cierto es, como explican los autores y la misma Rosita en sus cartas, que podría haber sido en la Unión Soviética, Estados Unidos o la Italia fascista; lo que ella quería era cantar, ser una artista y ser reconocida tomo tal.

 

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