Calais es la última tierra antes de Inglaterra. Entremedio, el Canal de la Mancha. Hasta ahí han llegado miles de refugiados sirios que, huyendo de la guerra en su país, pretenden lanzarse nuevamente al mar. Eso, después de haber cruzado -y sobrevivido- el paso por el Mediterráneo.

Como en la vida todo se devuelve, los sirios buscan oportunidades en los países que apoyan los bombardeos en Siria. Si pudiesen llegar a EEUU, seguro lo harían. Por ahora, su último destino es El Reino Unido, quienes justamente han rechazado la política de cuotas que ha fomentado Alemania para acoger a inmigrantes; las bases de la Unión Europea establecen la obligación de dar atención a las personas que pidan asilo huyendo de conflictos armados.

En eso, la policía de la República Francesa ha llegado hasta Calais para desmantelar el campamento de inmigrantes que ya se conoce como “la jungla” y donde, según diversas asociaciones, habría más de 3.000 personas. Atacándolos desde hace varias semanas con balines de goma y gases lacrimógenos, no discriminan entre adultos y niños, como consigna el Observatorio de Derechos Humanos. El lunes en la noche, la policía se enfrentó a un grupo de 150 migrantes que, armados con barrotes de hierro, atacaban a los autos que transitaban cerca del paso de Calais. Según el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, detrás de los incidentes estaría el grupo militante “No Borders”, a quienes calificó de “extremistas y violentos”.

Mientras, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que han sido más de 131.000 personas procedentes desde Siria, Iraq y Afganistán las que han llegado desde enero a Europa, a través de la peligrosa ruta del Mediterráneo.

El puerto de entrada, que más que puerto es muchas veces playa hostil, está en el mar Egeo y se llama Turquía o Grecia. Y en su avance, tienen que cruzar los Balcanes, y eso significa varios países, algunos en conflicto (Serbia y Kosovo, por ejemplo). Los serbios ya han enrejado su frontera, por lo que la ola migrante buscó salida por Macedonia, un poco más al este, país que tampoco les permite el paso después de que Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria, los países de la “ruta de los Balcanes” impusieran restricciones duras al tránsito de los refugiados. Desesperados, unas 300 personas forzaron ayer un cordón policial griego en la frontera con Macedonia e intentaron romper la alambrada de espinos. Los policías macedonios respondieron también con gases lacrimógenos, decisión defendida por el canciller Nikola Poposki.

Se estiman que son 22.000 las personas que esperan en Grecia por seguir hacia el norte, mientras que durante marzo, otras 70.000 podrían llegar.

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