Lo que empezó como una acampada la noche del 31 de marzo organizada por la organización “Convergence des luttes” (convergencia de las luchas) para protestar por la reforma laboral del presidente socialista François Hollande, ha convertido en un ágora griego la Plaza de la República de París. Ya son 14 los días en que miles de personas, muchos desempleados, muchos trabajadores, muchos estudiantes de pre y posgrado de las más prestigiosas universidades de la capital francesa como la SciencesPo no solo han desahogado su rabia, su impotencia y su frustración por la crisis económica, terrorista y humanitaria frente a oídos atentos y receptivos, sino que también han dedicado su tiempo y su intelecto para desarrollar y proponer ideas. Todo, a pesar de los gases lacrimógenos y los desalojos de la policía francesa y de los cortes de luz que han sucedido en los alrededores.

Eso ha sido “Nuit debout”, movimiento horizontal, sin un líder definido, organizado por comisiones en base al respeto en una sociedad en la que la palabra y el discurso tienen un poder real. Y que por lo mismo, el saber escuchar es un valor. “Algo distingue a ‘Nuit Debout’ y es que busca debatir ideas para encontrar nuevas soluciones”, dice Florent Sardou, analista e historiador francés. “(El movimiento) pretende que cada ciudadano sea actor del cambio y que exista un futuro colectivo que valga la pena inventar”, agrega.

A pesar de que el partido español Podemos ha manifestado públicamente su intención de apoyar a los franceses, y el movimiento DiEM25 que propone una refundación de la Unión Europea como única solución a una crisis económica que parece no tener fin ha estado presente entregando propaganda, en las intervenciones públicas se sigue defendiendo la idea de que el movimiento debe permanecer independiente. Es por esto también que no se define ni de izquierda ni de derecha. Creen que esa es la clave para conseguir uno de sus principales desafíos: llegar a los barrios realmente afectados por la crisis y a las personas que el ex presidente Nicolas Sarkozy catalogó en 2005 de “escorias”.

“Por ahora este es un fenómeno esencialmente urbano y bastante homogéneo socialmente: pocos franceses de segunda generación, muchos jóvenes, estudiantes, profesores, profesionales de la cultura y de las artes, jóvenes diplomados; gente tradicionalmente de izquierda. Le cuesta por ahora seducir a las periferias o al mundo rural, que son los lugares más afectados por la crisis económica y que de lograrlo, convertiría a ’Nuit Debout’ en un movimiento realmente masivo”, explica Sardou.

Para este fin de semana, se espera que las actividades en la Plaza de la República de París y en los espacios públicos de las principales ciudades de Francia sean más masivas que en la semana, en un momento en el que el movimiento debe decidir el camino a tomar. Como explica el analista, la idea es evitar que caiga en lo que otros movimientos contraculturales terminaron: siendo un producto del sistema que tanto criticaban. Y para Sardou, eso se evitaría al convertirse en un movimiento político concreto.

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