"Después de que vemos a padres llorar la muerte de sus hijos, no tiene sentido que como país no hagamos nada para impedir la próxima tragedia", dijo Obama en su mensaje radial semanal, en la víspera del Día del Padre.

Cuarenta y nueve personas murieron y otras 53 resultaron heridas en la madrugada del domingo pasado en el club nocturno Pulse en Orlando, Florida, a manos de un hombre armado con un rifle de asalto que había comprado legalmente.

El atacante Omar Mateen, de 29 años -un estadounidense musulmán hijo de padres afganos-, irrumpió frenético en el club gay proclamando su lealtad al grupo yihadista Estado Islámico antes de ser abatido en una operación policial.

"Ser duros con el terrorismo, particularmente con esa suerte de terrorismo interno que hemos visto ahora en Orlando y San Bernardino, significa hacer más difícil, tan rápido como sea posible, que la gente que quiere matar estadounidenses tenga en sus manos armas de asalto capaces de matar a docenas de inocentes", señaló Obama.

En un incidente similar, un hombre y su esposa abrieron fuego en una fiesta de Navidad en diciembre en San Bernardino, California, matando a 14 personas.

"Como todos los padres, me preocupa la seguridad de mis niñas todo el tiempo. Especialmente cuando vemos violencia evitable en lugares donde nuestros hijos e hijas van todos los días: sus escuelas, templos, cines y clubes nocturnos, a medida que crecen", expresó Obama.

"Es inadmisible que autoricemos un fácil acceso a armas de guerra en estos lugares", agregó.

El presidente visitó el jueves Orlando, donde se reunió con familiares de las víctimas y demandó que el Congreso, dominado por la oposición republicana, apruebe el control de armas.

 

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