Barack Obama llegará este jueves a Londres para apoyar la campaña por mantener al Reino Unido en la Unión Europea, en la que será probablemente su última visita a su gran aliado europeo como presidente estadounidense.

La visita de cuatro días tendrá también un acento monárquico, porque Obama y su esposa Michelle almorzarán el viernes con la reina Isabel II en el castillo de Windsor, un día después del 90º cumpleaños de la monarca.

Obama elegirá con toda probabilidad la conferencia de prensa del viernes junto al primer ministro David Cameron para expresar su apoyo a los proeuropeos en el referéndum del 23 de junio sobre la pertenencia a del Reino Unido a la Unión Europea (UE).

En la línea de sus declaraciones defendiendo la unidad británica poco antes del referéndum de independencia de Escocia, en 2014, Obama abogará por un Reino Unido fuerte en una Unión Europea fuerte.

"Si le preguntan por su opinión como amigo, la ofrecerá", explicó Ben Rhodes, consejero de política exterior de Obama. "Pero dejará muy claro que este es un asunto sobre el que tendrán que decidir los británicos cuando vayan a votar en junio", puntualizó.

En privado, los funcionarios estadounidenses son más contundentes a la hora de opinar sobre el referéndum, porque la salida de la UE dejaría a Washington sin el conducto británico en sus relaciones con Europa.

- Evitar que Londres y la UE salgan malparadas -

En Washington se percibe la apuesta de Cameron convocando el referéndum -que le exigía el ala euroescéptica de su partido conservador-, como un gran riesgo del que Londres y la UE podrían salir seriamente dañados.

Ocho exsecretarios del Tesoro estadounidense defendieron la permanencia británica en la Unión Europea como la mejor garantía para asegurar la primacía financiera de Londres, en una carta publicada este miércoles en el diario The Times.

"Un Reino Unido fuerte, dentro de la Unión Europea, sigue siendo a nuestro juicio la mejor esperanza de garantizar el futuro del Reino Unido, crear una Europa más próspera y proteger una economía mundial sana y resistente", escribieron los ocho antiguos ministros de Finanzas. La salida sería, sentenciaron, "una apuesta arriesgada".

Los sondeos revelan un codo a codo entre los partidarios de irse y los de quedarse, con una proporción de indecisos alta.

Cameron defiende la permanencia, pero su credibilidad resultó dañada al aparecer su nombre en los papeles de Panamá, como titular de acciones de una empresa que su padre creó en un paraíso fiscal.

Además, Obama cargó contra él, y contra el expresidente francés Nicolás Sarkozy, por no haberse ocupado de Libia tras la caída del dictador Muamar Gadafi y permitir que se convirtiera en un gran foco de inestabilidad más allá de sus fronteras.

"Estaba convencido de que los europeos, dada la proximidad de Libia, estarían más implicados en el seguimiento" de la situación, dijo Obama, acusando a Cameron de haber estado "distraído con otras cosas".

Pese a ello, Londres y Washington sostienen que ambos tienen muy buena relación, y Cameron reveló que Obama le llama "bro", ('hermano'), un trato inusualmente familiar entre dirigentes.

La intromisión de Obama en la campaña del referéndum no ha sentado bien a los anti-UE. Uno de ellos, el alcalde de Londres, Boris Johnson, calificó la futura intervención de Obama de "hipocresía exorbitante e indignante", porque Washington nunca aceptaría un control como el que ejerce Bruselas.

 

PUB/IAM