Eran pasadas las 9 de la mañana en la tranquila localidad de Costa Azul, en la provincia argentina de Salta, cuando hace algunos días atrás una niña de 12 años caminaba sola hacia un barrio vecino.

La menor, cuyo nombre ha permanecido en reserva, fue abordada por un hombre desconocido al pasar por un sitio eriazo, quien intentó atacarla sexualmente, tapándole la boca y arrastrándola hacia un costado del camino.

Pero justo en el momento en que el abusador intentaba violarla, sucedió lo impensado. Cinco feroces perros callejeros lo atacaron, atraídos por el llanto desesperado de la niña, según consignó la radio FM 89.9 de Martín Grande en su portal web.

Así y mientras el pedófilo se defendía de las mordeduras que le lanzaban los canes, la joven aprovechó para huir hacia una casa cercana, donde pidió auxilio a sus residentes.

Tras percatares de los hechos, el vecino que la socorrió se puso de inmediato en contacto con la policía, que primero se puso en contacto con la familia de la menor. No obstante, el atacante aún permanecería prófugo.

También se desconoce el paradero de los perros y el por qué decidieron concentrarse en el agresor. Quizás fueron guiados por su instinto o se trató de simple azar. Puede que la manada siga "patrullando" las calles, pero lo cierto es que una niña fue salvada de un destino brutal. 

Consultado por Publimetro sobre el tema, el veterinario Sebastián Jiménez indicó que: "Los perros pueden diferenciar a un agresor de un agredido. Cuando están en grupo (o manada) y atacan, tiene que haber un líder que les indique que tienen que atacar…y así los subalternos responden".

Agregando, "los perros tienen una conducta de depredación y la pueden tener contra otros animales. Se  exacerba porque el alfa (líder) lo indica, ya sea en caso de ataque o en la búsqueda de comida, por ejemplo".