Julio Guzmán, segundo en la intención de voto para las elecciones presidenciales en Perú, continuará en la contienda luego que un tribunal electoral dio por levantadas las observaciones administrativas que lo tuvieron con un pie fuera del proceso.

"El Jurado Electoral Especial de Lima señala que se encuentran subsanadas las observaciones hechas en relación a la irregular inscripción de esa agrupación política", informó este miércoles en rueda de prensa el presidente de la entidad, Manuel Miranda.

Guzmán, sorpresa en la campaña, marcha segundo en las encuestas de la empresa Ipsos con 18% de las preferencias, detrás de la favorita Keiko Fujimori (30%), hija del encarcelado expresidente Alberto Fujimori.

"Recibo con alegría y mucha serenidad el fallo del jurado", dijo Guzmán, un economista de 45 años formado en Estados Unidos, durante un mitin en el Cusco (sudeste), donde cumple actividades de campaña.

Guzmán vio peligrar su candidatura debido a que el Registro de Organizaciones Políticas (ROP) del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) había rechazado en octubre de 2015 la modificación de estatutos de su partido, el centrista Todos por el Perú, al considerar que no se ajustaba a la ley.

Por ello, cualquier decisión tomada por ese partido en base a esos cambios, entre ellas la designación de Guzmán como candidato, carecía de validez.

Tras declarar inadmisible su inscripción, el Jurado Electoral Especial (JEE) de Lima le pidió comprobar la militancia de quienes participaron como autoridades en los procesos de democracia interna del partido. Las observaciones se levantaron aunque, para algunos constitucionalistas, a destiempo frente al resto de sus contendientes.

El presidente del JEE, Manuel Miranda, aseguró que ponderaron "el derecho constitucional (del partido Todos por el Perú) a participar en elecciones" frente a posibles fallas en los procesos de democracia interna.

Guzmán que a fines de diciembre del año pasado aparecía en el rubro otros, realizó una intensa campaña en redes sociales y, según analistas, capitalizó el descontento popular frente a la clase política tradicional, vinculada a actos de corrupción.

 

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