Ya realizados los tres debates presidenciales, y habiendo ganado Hillary Clinton todos, la opción de que Donald Trump pueda ser presidente se ve lejana, aunque no imposible. El discurso del magnate apunta principalmente a la clase media trabajadora blanca, en estados industriales como Ohio, Illinois, Pennsylvania y a los que se han visto más afectados por la crisis económica del 2008.

Según los últimos datos publicados por la consultora RealClear Politics (RCP), después del 19 de octubre, fecha del último debate, las diferencias entre Hillary Clinton y Donald Trump están disminuyendo considerablemente. Si el 18 de octubre era de 7,1 puntos, hoy es de 5,1 puntos porcentuales a nivel nacional. El último llamado de Trump ha sido el de no votar si no gustan ninguno de los candidatos, consciente de que históricamente mientras menos gente vote, es mejor para los republicanos.

Los demócratas están invirtiendo tiempo y recursos en aquellos estados divididos en los que la presencia de votantes negros, latinos y asiáticos es importante. A pesar de que su campaña ya ha perdido la esperanza de encantar a los “millenials”, que son un tercio del total del electorado, quieren ganar los estados clave, cosa que ya están consiguiendo en Minnesota, según RCP. Aún así, el llamado es a no confiarse.

El peligro del voto populista
La aparición en la escena política de personajes populistas no sólo es un fenómeno estadounidense. En Europa, la aparición de partidos políticos en Austria, Grecia, Hungría, Polonia, Alemania y Francia, además de la decisión por plebiscito del Brexit, son consecuencia directa de las crisis que han sucedido a la del 2008. “La clase media todavía no ha vuelto a recuperar el nivel de vida que tenía antes de esa crisis”, dice Florent Sardou, analista internacional. “Sienten un descenso en su estatus social y una falta de perspectivas. Culpan a las élites y a los partidos políticos tradicionales”. Justamente a esa recuperación es a lo que apunta el "Make America Great Again".

Y agrega: “El populismo es una rebelión de los derrotados sociales y son muchos hoy. El líder populista promete cambiar las estructuras de la vida política pero pretende lograr el poder democráticamente, vía las elecciones”. Explica también que el movimiento se enfoca contra la clase política tradicional, de élite, que aparece como culpable de la situación que viven miles de personas. Es justamente lo que Clinton representa para muchos estadounidenses, y el punto débil que Trump ha estado intentando explotar en su campaña.

Hillary Clinton tiene estas razones para estar preocupada, y Elizabeth Sherman, profesora de Política Estadounidense de la Escuela de Asuntos Públicos de la American University de Washington, las matiza. “Ella no ha logrado contagiar a votantes de las minorías ni jóvenes de aquellas razas que sufren de violencia física y económica. Además, aquellos a los que no les gusta Hillary no van a votar, y tercero, por el ‘voto protesta’”. Ese es el voto que se están llevando los terceros partidos, que suman un 10 por ciento de las preferencias.

Clinton y los demócratas saben que la elección se gana por votos electorales y no por el voto popular, y han enfocado su campaña para conseguir los 270 votos necesarios. Según RCP, hoy tiene 271. Pero estos factores, que finalmente favorecen al voto populista como se vio en el caso del Brexit, pueden crear las condiciones para que Donald Trump, en la recta final, despegue y logre la presidencia.

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