El grupo yihadista Estado Islámico utiliza para organizar sus atentados y para comunicar sus acciones el servicios de mensajerías cifrados. De acuerdo al diario francés Liberation el preferido es el ruso Telegram a través del cual se comunicaron los dos asesinos del cura Jacquel Hamel en el noroeste de Francia el pasado martes 26 de julio.

El 22 de julio, solo cuatro días antes de degollar al cura, los dos jóvenes yihadistas franceses se conocen a través de Telegram. Uno vive en Saboya (sureste), el otro, bajo arresto domiciliario, cumple su pena en las afueras de Ruan (noroeste). Al otro día, el primero hace el viaje desde Saboya y encuentra en persona a su cómplice. Durante los tres días que quedan antes de cometer el atentado están seguidos juntos.

“Lo que es increíble es que los teléfonos están localizados casi en el mismo lugar y sin embargo continúan chateando y mucho”, dice al diario francés Libération una fuente cercana a la investigación.

¿Qué es Telegram?

La aplicación fue lanzada en el 2013 por los hermanos Nikolai y Pavel Durov, quienes han sido apodados como "el Mark Zuckerberg de Rusia".

Los usuarios pueden enviar mensajes a amigos de forma segura y enviar fotografías y archivos. También pueden crear conversaciones grupales de hasta 200 miembros u optar por "las conversaciones secretas especiales" donde los mensajes, fotos y videos se autodestruirán.

El diario Libération explica que el sistema integra las funcionalidades de otras mensajerías personales también cifradas como la más célebre Whatsapp o Signal, que permiten enviar mensajes a cifrados a una persona o a un grupo de discusión. Pero Telegram, también incorpora elementos de las redes sociales, ideales para realizar comunicados públicos.

A diferencia de Facebook o Twitter, que pueden llevar el mensaje a una audiencia masiva, la ambición de los yihadistas es de dirigirse a una comunidad más limitada.

La agencia oficial del Estado Islámico, Amaq Agency, envía comunicados que luego son compartidos por grupos similares que se denomina su acción como “apoyos auténticos de difusión” para diferenciarse de los medios tradicionales, considerados impíos por el EI, explica Libération. La mayoría de estas cuentas no tienen una vida activa muy larga. Para escapar a la vigilancia, algunas son eliminadas y vuelven a aparecer bajo otro nombre. Libération resalta que incluso la cuenta oficial de Amaq, activada el lunes, ya no era accesible 24 horas después.

Para los servicios de inteligencia espiar estos servicios de mensajería se volvió un objetivo de importancia. El desafío, explica Libération, es no perderse en el laberinto de cuentas falsas, o seudónimos, utilizados a veces por un mismo usuario que busca disimular su accionar.

“La solución más simple y discreta que tenemos es interrogar a alguien cercano del sospechoso. Si se preocupan por un miembro de la familia que podría radicalizarse, pueden colaborar al darnos las claves para acceder a las cuentas”, explica a Libération un comandante de la policía.

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