Más de 40 personas muertas y otros tantas decenas de heridos ha provocado, hasta ahora, el último ataque terrorista producido en territorio turco, el séptimo en menos de 12 meses. La seguidilla de ataques con coches bomba, guerrilleros suicidas y tiradores tanto del Estado Islámico como de los grupos por la liberación de Kurdistán no solo ha afectado a la población turca, sino que también a los millones de turistas que cada año visitan Estambul, ex capital del Imperio Bizantino.

Los atentados han hecho cada vez más inseguro a un país que presiona por ingresar a la Unión Europea desde hace décadas, como parte del proceso de “occidentalización” del proyecto de república que fundó Mustafa Kemal Ataturk en 1923. Entonces, el país más occidental de los musulmanes vivió momentos de estabilidad política y económica, hasta que se vio arrastrada al caos que viven sus vecinos del sur y del este, del Medio Oriente.

Aliada de Estados Unidos en el bombardeo a Siria y al Estado Islámico desde julio de 2015, presionada tanto por sus tensas relaciones con Rusia después de que el ejército turco derribara un jet de combate ruso en noviembre pasado como por la crisis de refugiados que le ha hecho recibir a miles de sirios y le ha llevado a negociar con la Unión Europea, Turquía se ha visto jugando un papel a ratos incómodo en medio del tablero mundial. Es blanco de ataques tanto del Isis (por su alianza con EEUU) como de la guerrilla separatista kurda del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), que cuenta con representación en el parlamento turco. Los kurdos se enfrentan al ejército turco cerca de la frontera con Siria y a la vez, reciben apoyo tanto de EEUU como de Rusia por su papel en Siria, donde también luchan contra el Estado Islámico.

En un principio, el papel de Turquía fue cuestionado por las potencias que luchan contra el Isis debido al libre tránsito que les permitían los turcos por sus territorios fronterizos. De hecho, Turquía es el cuarto país que más personas aporta al Estado Islámico, además de ser el principal país por el que transitaban los yihadistas hacia Siria provenientes de Europa, y viceversa. Esto, hasta que Turquía se unió a los bombardeos estadounidenses sobre Siria en junio de 2015. Es por esto que el Isis puso sus ojos sobre Turquía.

Las relaciones de Turquía con Rusia han sido igual de incómodas que su posición geopolítica. Confusiones, enredos y ataques mutuos han hecho que sus lazos con Moscú sean inestables. A veces buenas, a veces malas. Y con sus vecinos la situación no es mejor.

Este ataque se produjo justamente días después de que Turquía y Rusia acercaran posturas desde el derribo del jet. Hace pocos días, Erdogan pidió disculpas a Putin por lo sucedido y envió condolencias por la muerte del piloto. Y después de que, obligados por la dependencia económica, Turquía e Israel buscaran la reconciliación a un conflicto producido hace seis años, cuando los israelitas hundieron un convoy naval que llevaba ayuda humanitaria a Gaza donde murieron 10 ciudadanos turcos.

“Este atentado podría haber pasado en cualquier lugar del mundo”, dijo el polémico presidente de Turquía, Recept Tayyip Erdogan, quien se empeña en perseguir y castigar hasta a todos los que osen insultarle y ha prohibido a la prensa local informar sobre el atentado. Y si bien, como en todos los ataques anteriores, el primer ministro turco Binali Yildirim no ha dudado en señalar al Estado Islámico como responsable del ataque del principal aeropuerto del país y hasta ayer uno de los más seguros del mundo, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, aseguró que su gobierno está tratando de aclarar la autoría del atentado. “Aún estamos recolectando información, tratando de dilucidar lo que ha ocurrido y quién lo ha hecho”, dijo Kerry desde Aspen, Colorado.

Por las características del actuar de los atacantes y el objetivo atacado, similares a lo ocurrido en Bélgica y Francia, es el Isis el principal acusado, aunque es probable que a diferencia de otros ataques, no se adjudiquen los hechos. Todo, para provocar mayor confusión en una Turquía ya revuelta.

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