El futuro presidente de Estados Unidos y riquísimo empresario Donald Trump declaró ayer al diario The New York Times que su presidencia no se verá afectada por conflictos de interés, manteniéndose sin embargo evasivo sobre las medidas concretas que planea poner en práctica.

Las dos caras, de presidente electo y de magnate de un imperio inmobiliario, plantean desde la elección de Trump el 8 de noviembre el punto crucial de eventuales conflictos de interés que acechan al millonario populista.

"En teoría, podría perfectamente administrar mis negocios y al mismo tiempo dirigir perfectamente el país", afirmó.

"Yo habría pensado que sería necesario establecer algún tipo de trust o algo por el estilo, pero no", agregó el presidente de la Trump Organization, empresa que corona sus actividades.

"Yo querría hacer algo" para separar claramente estas dos actividades, indicó simplemente, reconociendo que su posición es inédita, pero dejando claro que la legislación no lo obliga a hacerlo.

En efecto, sobre ese punto Trump se beneficia de una reglamentación muy flexible. En Estados Unidos, el presidente y el vicepresidente pueden combinar sus funciones con actividades económicas.

La constitución prohíbe ciertamente que los dirigentes políticos reciban la menor "contribución" de una potencia extranjera, pero esta disposición no impide en absoluto hacer negocios con socios privados extranjeros.

Hablando siempre "en teoría", Trump explicó ayer que podría continuar firmando cheques por cuenta de sus empresas, pero que pondrá "fin progresivamente" a ello, sugiriendo que dejará a sus tres hijos, que ya ocupan las funciones de vicepresidentes de la Trump Organization, la administración de sus negocios.

Estos funcionan mejor que nunca luego de su elección al máximo cargo del país, admitió al NYT.

El Trump Hotel, su nuevo palacio en Washington, es un "bien que tiene más valor" ahora "que el que tenía antes", pues la marca Trump, se ufanó, es más "sexy" que nunca.

Fideicomiso ciego

Nunca hubo un presidente electo con tantos conflictos potenciales entre sus intereses financieros y sus obligaciones como funcionario público. 

Su asunción está programada para el 20 de enero y Trump tendrá que explicar cómo piensa separar sus funciones oficiales de sus intereses financieros, dentro y fuera de EEUU.

El empresario podría crear un fideicomiso ciego, por el que cedería la gestión de sus posesiones y negocios a otra persona, sin posibilidad de obtener información sobre ellos. Esa separación entre él y sus empresas evitaría los potenciales conflictos que surjan cuando sus intereses comerciales choquen con los de EEUU. El magnate sí ha considerado ceder esa responsabilidad a sus hijos Donald, Eric e Ivanka, pero eso conlleva que estarían negociando acuerdos internacionales llevando el apellido del presidente.

El problema del conflicto de intereses que puede suponer tener en la Casa Blanca a un comandante en jefe con intereses en tantos países se empezó a vislumbrar en las reuniones que mantiene ya como presidente electo.

Entre los dos encuentros institucionales, se citó con los empresarios indios que construyen un proyecto suyo en Bombay, o en el hecho de que su hija, involucrada en el imperio, participase en la reunión con el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

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