Los "cabbies" londinenses marcharon al ralentí entre Trafalgar Square y Whitehall, perturbando enormemente la circulación en este barrio que alberga la residencia del primer ministro David Cameron y muchos de sus ministerios.

"No estamos diciendo que haya que acabar con Uber, sólo pretendemos que sigan las mismas reglas que nosotros", explicó Steve Wilson, conductor de taxi desde hace 22 años.

Y como "el gobierno no hace nada", explicó por su parte Mark Rowley, de 57 años, "nos corresponde a nosotros hacer algo, y la única manera de hacerlo es bloquear la calle".

El acto tuvo por primera vez el respaldo de los cinco sindicatos que representan a 25.000 taxis de la la capital británica.

Las manifestaciones de los taxistas contra Uber, cuyo éxito descansa en el precio y en la facilidad de contratar el servicio con el teléfono celular, se han repetido por todo el mundo, de Londres a Nueva York, pasando por París y Sao Paulo.

Uber, una empresa californiana, está presente en 58 países y en sus seis años de vida ha logrado alcanzar un valor de más de 50.000 millones de dólares.

En contrapartida, la empresa ha sido acusada de escaso rigor en la contratación de los conductores, después que algunas pasajeras fueran víctimas de agresiones sexuales en Estados Unidos e India.

 

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