Han pasado 27 años de la caída del muro de Berlín, y desde entonces se han levantado al menos una decena de polémicas barreras que profundizan las fronteras. Antes del muro de Berlín había 16, ahora hay más  de 65,  según la investigadora Elisabeth Vallet, de la Universidad de Quebec. Sólo en la última década se trazaron unos 10.000 kilómetros de vallas.

Pudiera parecer que levantar muros es una cuestión del pasado, pero no lo es. Paradójicamente, ahora que el libre tránsito de personas se ha convertido en un hecho cotidiano en la mayor parte del mundo,  en distintos puntos de nuestro planeta siguen aún en pie construcciones de miles de kilómetros y no sólo eso, se están construyendo nuevas, conviertiéndose en una práctica que lejos de retroceder, parece perpetuarse y contagiar a más lugares en lo que ya parece una “fiebre por los muros”.

La más reciente es la construcción de  un muro en Gran Bretaña en el acceso que lo conecta al puerto francés de Calais. En julio del año pasado , el gobierno conservador húngaro inició la construcción de una barrera de cuatro metros de altura a lo largo de su frontera con Serbia para tratar de contener el flujo de refugiados que huyen de Siria, Irak o Afganistán.  De hecho,  los muros fronterizos de Hungría y Bulgaria ya han superado, en kilómetros, al emblemático muro de Berlín. Otros tres países: Kenia, Arabia Saudí y Turquía, fortifican sus fronteras para impedir la infiltración de yihadistas procedentes de los países vecinos, Somalia, Irak y Siria.

El miedo

Todos los muros nos separan, pero no todos cumplen la misma función. “Las razones por las que se construyen muros obedece a distintas razones, pero la explicación general es el miedo en sus diversas formas: miedo al extranjero, a lo diferente, a los efectos de la globalización, a afrontar problemas internos, al  terrorismo, al narcotráfico”,  explica Paulina Astroza, especialista en Relaciones Internacionales.

En el caso del fenómeno migratorio, que supone el  mayor flujo de personas que se registra desde la II Guerra Mundial, la idea del cerco fronterizo refleja la respuesta predilecta que están dando desde los gobiernos.

“Esto no soluciona el problema sino que lo agrava” , sostiene Astroza, especialista en Relaciones Internacionales. “La situación de Grecia es un ejemplo claro. El cierre de la frontera de Macedonia produjo una situación de bloqueo de refugiados que dieron lugar a hechos gravísimos. Lo mismo con el cierre de la frontera por parte de Hungría, Serbia y otros países europeos. El flujo solo se desvió hacia otras rutas como Libia-Italia, que es mucho más peligrosa y las muertes en el cruce han aumentado”, explica.

Como lo sintetiza la ex secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kanet Napolitano: “Muéstrame un muro de 15 metros y te enseñaré una escalera de 15,1”. Es decir, pese a los obstáculos, los migrantes acaban al final por pasar, terminan adaptándose.

En la misma línea, la socióloga chilena Mónica Alejandra Vargas retrotrae la idea de los muros a la sociedad chilena: “Los muros físicos se levantan por doquier en cada “condominio”,  estos muros, llenos de alambres de púas, electrificados, con altas rejas, dividen la ciudad, cortan los flujos naturales: el temor y la desconfianza respecto al “otro” se  instala en los “nosotros” en la sociedad, las personas se encierran en sus espacios privados, potenciando el egoísmo, no la colaboración”.  Esto responde a la distinción que hace el antropólogo Marc Augé sobre la identidad nacida de la relación con el otro, que dice “puede constituirse de dos formas: solidaria o hegemónica”.

El muro de Donald Trump, aspirante republicano a la presidencia de EEUU, quien es partidario de profundizar el bloqueo físico que ya existe en la frontera con México, es un ejemplo del dominio del miedo en el discurso político, utilizado como uno de los pilares de campaña.  

“Se hacen afirmaciones muchas veces que no resisten análisis pero que están dirigidas justamente para esa gente que tiene miedo: a perder el trabajo, su identidad o su seguridad. Se busca rápidamente el enemigo en el “extranjero” cuando las causas la gran mayoría de las veces están al interior de los propios Estados”, sostiene Astroza.

El discurso nacionalista se extiende también a Europa, donde la crisis de los refugiados y los atentados terroristas han provocado una acelerada orientación xenófoba y racista: El imparable impulso del Frente Nacional en Francia, del Ukip en el Reino Unido o de AfD en Alemania, por no hablar de la presencia de partidos extremistas en países nórdicos, Hungría o Polonia, dibujan un alarmante mapa político que vuelve a situar el populismo como uno de los mayores desafíos de Europa, en pleno siglo XXI.

Para Mónica Alejandra Vargas, los muros más relevantes son los mentales: “están construidos con ladrillos hechos de prejuicios que en el caso de Chile generan una suerte de clausura de los grupos en los territorios. Las personas no se interesan por conocer “otros”diferentes, potenciando el individualismo. No hay ninguna posibilidad que niños de la zona oriente interactúan con los de la zona sur, las autopistas permiten que las personas que viven en la zona oriente de Santiago puedan llegar a la playa, al norte o al sur, sin pasar jamás por una población pobre, y eso es muy grave porque si no les ves dejan de ser personas reales y se convierten en datos”, sentencia.

Era Newton quien decía que las personas construimos demasiados muros y pocos puentes, y a veces el mejor puente entre las personas puede resultar en una mano tendida...

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