El pasado viernes  un grupo de militares lanzó un intento de golpe de Estado contra el gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que dejó un saldo de  al menos 290 muertos, entre militares, policías y civiles y una monumental purga política y militar que ya alcanza los 6.000 detenidos.


 Ha fracasado el que hubiera sido el quinto golpe de Estado en Turquía en menos de un siglo a un país miembro de la Otan y aspirante a integrarse en la Unión Europea. Y es que las fuerzas armadas turcas, las más numerosas de la Otan luego de las de Estados Unidos, han jugado un papel muy importante en la fundación de Turquía y en su historia reciente. Ellos mismos se han atribuido el papel de defensores del laicismo y de la herencia de Ataturk, fundador y primer presidente de la República. Apoyándose en eso, han dado cuatro golpes de Estado en los últimos 40 años, el último -sin contar el del pasado  viernes- fue en 1997.


“Es el resultado del enfrentamiento entre dos ideologías opuestas presentes en la política de Turquía desde la caída del Imperio Otomano y la revolución de Ataturk en los años 20. Por un lado está Erdogan (nacionalista, islamita y conservador) y su partido AKP , que se considera como el heredero del Imperio Otomano, y por otro lado están los kemalistas (Fuerzas Armadas, élite económica e intelectual) que defienden los principios de Ataturk, el creador de la república turca, basado en la laicidad, el republicamismo”, explica Florent Sardou, historiador francés.


No hay que olvidar que Turquía ha estado en guerra con los separatistas kurdos, y ha sufrido numerosos ataques con bombas y disparos este año, incluyendo un ataque hace dos semanas por los islamistas en el principal aeropuerto de Estambul que mató a más de 40 personas y en octubre del año pasado tuvo lugar el peor de la historia del país, con 102 muertos, en una marcha por la paz en Ankara.  La inseguridad ha llevado a una fuerte caída del turismo en un país en el que más del 60% del PIB proviene del sector de los servicios.

Fethullah Gülen: líder del golpe o cabeza de turco


No habían pasado ni 24 horas desde el levantamiento militar, pero Erdogan ya hablaba de un responsable concreto: Fethullah Gülen, un teólogo turco del Islam comparable con el Opus Dei o  los jesuitas que vive en exilio autoimpuesto en Estados Unidos.
Erdogan lleva años acusando al que fuera su antiguo aliado, de conspirar en su contra y califica su movimiento como un grupo terrorista. “Gulen sirve de chivo expiatorio para Erdogan desde 2013, para mantener su poder y seducir el voto de los nacionalistas turcos más extremos con el problema kurdo,  quiere eliminar el movimiento”, aduce Sardou.


Mientras que Erdogan anunciaba que “los seguidores del imán Fethullah Gülen pagarán un precio muy alto por esta traición”, Gülen  condenó “con la mayor firmeza” el intento de golpe.  
Hay  también quienes no descartan una especie de autogolpe organizado por el propio Erdogan con la parte del ejército más afín para reforzar su figura en un momento político delicado para él y con el pueblo saliendo a la calle en su nombre. En Twitter  empezó a correr el rumor de que todo había sido orquestado por el propio Erdogan y #Darbedegiltiyatro (No es un golpe, es teatro) se convirtió en trending topic en la red social.

Consecuencias


El fracaso del golpe otorga al presidente Erdogán una inmejorable oportunidad para completar su poder personal sobre todas las estructuras de poder real dentro del aparato de Estado. “Servirá de pretexto para una mayor concentración de los poderes de Erdogan y una fuerte presidencialización del régimen”, sostiene Sardou.


Está por ver hasta qué punto este intento de golpe de Estado puede influir en una población polarizada, entre los incondicionales de Erdogan y quienes rechazan de forma radical su pretensión de islamizar totalmente la sociedad turca aumentando su poder personal y directo sobre todas las estructuras del Estado.


“Vamos a ver qué nos espera, si es un cambio de sistema. En el Parlamento, al calor de lo sucedido, no me extrañaría que estuvieran considerando la posibilidad de recuperar la pena de muerte. Esto y tantas otras cosas están ahora en el aire”, afirmaba Ilke Toygur, analista política turca, antes de que ayer mismo Erdogan anunciara que considerará la posibilidad de restablecer la pena de muerte, abolida en 2004. “No podemos ignorar las peticiones del pueblo”, pronunció ante sus seguidores.

 

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