El sol todavía no ha asomado por el horizonte cuando los militares kurdos o "peshmergas" se enfundan los cascos y los chalecos antibalas y toman sus armas, mientras bromean entre ellos. Están a punto de entrar en combate, motivados por un sentimiento de unidad kurda, contra los yihadistas.

"Los 'peshmergas' son mi pasión porque el único objetivo de mi corazón, del corazón de todos los kurdos, es tener un único Kurdistán que junte a las cuatro partes (turca, iraquí, siria e iraní), y llamarlo el Kurdistán unido", dice a Efe el soldado Lukman Naif.

Naif es un joven kurdosirio de 21 años que hace siete meses decidió salir de su país de origen para unirse en Irak a los "peshmergas", en señal de hermandad del pueblo kurdo.

Ese ambiente de hermandad entre los soldados kurdos es el que se respira en el frente de Nawarán, en la provincia septentrional iraquí de Nínive, donde los militares también se mantienen en alerta para entrar en combate.

Decenas de tanques y camiones blindados de las tropas kurdas se preparan para atacar la ciudad de Bashiqa, a escasos 25 kilómetros de Mosul, la aún "capital" yihadista en Irak.

Son las 06.30 de la mañana y la ofensiva kurda hacia esa urbe, todavía controlada por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), está a punto de comenzar.

Una excavadora militar rompe el terraplén levantado a modo de trinchera, a poco más de dos kilómetros de la ciudad que hoy es el objetivo de las tropas kurdas.

Los ruidos de las explosiones, los disparos y los lanzamisiles comienzan a hacer su aparición una vez han entrado en combate los primeros tanques y vehículos blindados.

Alguna explosión hace incluso temblar el suelo y ciertos lanzamientos de misiles dejan una fugaz estela de fuego en el cielo.

Sin embargo, nadie parece inmutarse. Todo discurre tranquilo en este frente de Nawarán, en el que siguen desfilando los vehículos hacia el interior de la batalla bajo los ánimos de los militares kurdos.

Varios grupos de soldados comienzan a bailar la "Halparka", una danza tradicional kurda que ejecutan todos juntos agarrados, mientras cantan y entonan eslóganes de júbilo.

Uno de ellos es Deliar Sefar Ahmed, otro voluntario sirio de 19 años que se unió a las tropas kurdoiraquíes hace dos.

"Estoy muy feliz (...) Ser 'peshmerga' significa sacrificar la vida de uno por su país, su pueblo y sus líderes", indica en declaraciones a Efe, al lado de un grupo de compañeros que fuma la tradicional narguile dentro de un camión.

El hambre comienza a aparecer y los más jóvenes que aún permanecen tras la trinchera empiezan a sacar sus bolsas azules de plástico, con sus desayunos.

Una lata de atún, pan, una botella de agua, queso y el omnipresente té darán fuerzas a los soldados para afrontar la batalla a la que se unirán en los próximos minutos.

Con las pilas recargadas y las buenas noticias que llegan desde el interior de los combates, en los que las fuerzas kurdas están cumpliendo sus objetivos y han entrado en Bashiqa, la alegría inunda el frente.

Una explosión más fuerte de lo normal hace callar durante medio segundo los cánticos festivos de los soldados, que, sin embargo, luego continúan con ellos, acostumbrados al sonido de las bombas y al retumbar del suelo.

"Los mejores días de nuestras vidas son éstos en los que luchamos contra Dáesh (acrónimo en árabe para el EI)", afirma Naif y añade que los yihadistas en Irak "no durarán más de un mes".

Además, se emplaza a él mismo y a sus compañeros para la próxima lucha: "Cuando se acabe esta batalla, todos los 'peshmergas' sirios volveremos a Siria para tener nuestro Kurdistán y después el Kurdistán unido".

Naif asegura que lucharán contra los extremistas en Siria y "allá donde Dáesh ponga en peligro a los kurdos".

 

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