El minisatélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) Proba-V, que se encarga a monitorizar la superficie de la Tierra, ha confirmado hoy la evaporación de las aguas del Poopó, situado en la cordillera del Altiplano y con una extensión de 3000 kilómetros cuadrados.

Su profundidad media de “solo 3 metros” provocaba una sensibilidad ante las oscilaciones del clima y su evaporación oficial se declaró el pasado diciembre  por lo que existe el riesgo de que pueda tardar varios años en recuperar su agua.

Actualmente, el ecosistema del Poopó se encuentra “enormemente vulnerable” y los pescadores de esta región se pueden quedar “sin sustento”.

No es la primera vez que el lago salado se evapora ya que su última vez fue en el  año 1994, y la Convención Internacional Ramsar lo reconoce como humedal conservado desde el 11 de julio de 2002.

El caso es parecido a lo ocurrido con el mar de Aral, situado en Asia Central, entre Kazajistán y Uzbekistán. En la década de los 80. durante la época en que estos países estuvieron anexados a la Unión Soviética, la intervención en los afluentes naturales del mar para usarlos como forma de regar las plantaciones de algodón terminaron por secar este mar interior.

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