Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, “el progreso en la igualdad de género se relaciona indudablemente con el acceso a la educación y al empleo de calidad”, así como a la participación política y económica. En los últimos 10 años las brechas han disminuido en cuanto a la educación, pero los esfuerzos no han sido suficientes.

Si en muchas zonas de nuestro continente ser mujer significa ser discriminada, ser mujer e indígena supone ser doblemente relegada. En general en los pueblos originarios de América Latina persiste la discriminación y a las mujeres indígenas se les atribuye una discriminación multidimensional: de género, por ser mujeres; étnica, por rasgos físicos y culturales y de clase económica, dentro de sus propios países.

Existe un día para conmemorar a estas mujeres, cada 5 de septiembre se celebra el día internacional de la Mujer Indígena, esta celebración se debe a un homenaje a Bartolina Sisa, una mujer que fue cruelmente asesinada por los españoles durante la rebelión anticolonial de Túpaj Katari en el Alto Perú.

Ese día también sirve de recordatorio a las autoridades y sociedades en general para mejorar las condiciones de este sector de la sociedad.