Los desencuentros entre Estados Unidos y Rusia ponen una vez más en jaque el acuerdo de cese al fuego por 48 horas que entró en vigencia a principios de esta semana, que fue renovado el miércoles, y cuya intención es que se prolongue en el tiempo. Washington está acusando a Moscú de impedir el ingreso de decenas de camiones con ayuda humanitaria que están esperando en la frontera turca, mientras que las fuerzas a favor y en contra del régimen de Bashar al-Ásad se están enfrentando en el este de Damasco.

Al mismo tiempo, Moscú acusa que "solo una de las partes" del conflicto sirio, en referencia a las fuerzas del régimen, respeta la tregua, y anuncia su disponibilidad para aplazar la tregua por 72 horas más. Al mismo tiempo, Washington ha enviado a decenas de tropas de fuerzas especiales para apoyar al ejército turco y a los rebeldes en la lucha contra el Estado Islámico, hecho que va acorde a las condiciones de la tregua.

Una tregua que se cae a pedazos mientras que está programada una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU para decidir si la organización internacional apoya el acuerdo. Los jefes de la diplomacia rusa y estadounidense, Serguei Lavrov y John Kerry, estarán presente en la reunión a puertas cerradas para discutir el respaldo al acuerdo, según fuentes diplomáticas.

Según el acuerdo, un cese de las hostilidades durante siete días consecutivos debería abrir la vía a la puesta en marcha de un centro de coordinación militar entre ambos países para atacar juntos a los yihadistas. Y al mismo tiempo, una vía para terminar con un conflicto que lleva más de cinco años enquistado y que ha dejado más de 300.000 muertos y una crisis migratoria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

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