La destitución de Dilma Rousseff en Brasil generó distintas reacciones entre sus vecinos sudamericanos: desde el congelamiento de relaciones anunciada por el gobierno socialista de Venezuela, el retiro del máximo representante ecuatoriano en Brasilia, hasta el "respeto" expresado por el gobierno de centro-derecha de Argentina.

-Venezuela "ha decidido retirar definitivamente a su embajador" en Brasil, Alberto Castellar, "y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario", anunció Exteriores de Venezuela en un comunicado. El presidente del país, Nicolás Maduro, que en mayo llamó a consultas a su embajador en Brasil, condenó en la red social Twitter lo que calificó como "el Golpe Oligárquico de la derecha".

-Ecuador, otro aliado de Rousseff y de su antecesor en el cargo, Luiz Inacio Lula da Silva, retiró a su encargado de negocios, Santiago Javier Chávez Pareja, que hasta ahora era su máximo representante diplomático en Brasilia.

-El presidente de Bolivia, Evo Morales, llamó a consultas a su embajador en Brasil, luego de condenar "el golpe parlamentario" contra Rousseff.

-Por su parte, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), formada por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, condenó el "golpe de Estado parlamentario" en Brasil, que demuestra "que las fuerzas regresivas del hemisferio siguen trabajando con el objetivo de desestabilizar y provocar golpes de Estado en contra de los gobiernos progresistas de la región".

-En una postura más moderada, el gobierno argentino de Mauricio Macri (centro-derecha), destacó que "respeta" la decisión del Senado de Brasil de destituir a Rousseff y "reafirma su voluntad de continuar por el camino de una real y efectiva integración en el marco del absoluto respeto por los derechos humanos, las instituciones democráticas y el derecho internacional".En ese mismo sentido se pronunciaron los Gobiernos de Chile, Paraguay y Guatemala.Chile expresó su "confianza en que Brasil resolverá sus propios desafíos a través de su institucionalidad democrática".

-En Paraguay, la coalición opositora Frente Guasu, a la que pertenece el ex presidente paraguayo Fernando Lugo, condenó hoy la destitución de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, en un proceso político basado en "argumentos falaces" de las "fuerzas conservadoras". El Frente Guasu recordó que el ex presidente Lugo sufrió también un juicio político en Paraguay tras la masacre de Curuguaty en 2012, donde perdieron la vida 17 personas, 11 campesinos y seis policías, y sirvió de base al entonces opositor y hoy gobernante Partido Colorado para impulsar este proceso, que acabó con su destitución una semana más tarde en un procedimiento calificado de "irregular" por organismos como la Unasur y el Mercosur.

-En Uruguay, el ex presidente y senador José Mujica dijo que América Latina ha quedado "malherida" tras la destitución de la ahora expresidenta brasileña Dilma Rousseff en un proceso que calificó como una "pantomima" con "toda la apariencia de un juicio" y que tildó de "golpe de Estado"."Toda esa discusión del Senado fue una gigantesca pantomima para tapar el rabo. Esto estaba decidido y en otra parte. Se montó un escenario, a los efectos de embaucar a la opinión publica, (...) con toda la apariencia de un juicio, pero desde el primer momento esto estaba decidido", opinó Mujica en un acto en Montevideo.

-En la misma línea se pronunció  la ex presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) aseveró, respecto a la destitución hoy de Dilma Rousseff como jefa de Estado brasileña, que "se consumó en Brasil el golpe institucional", algo que aseguró es una "nueva forma de violentar la soberanía popular". "América del Sur otra vez laboratorio de la derecha más extrema. Nuestro corazón junto al pueblo brasileño, Dilma, Lula (Da Silva) y los compañeros del PT (Partido de los Trabajadores)", escribió Fernández en su cuenta de la red social Twitter.

 

 

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