La huelga nacional convocada en Francia por los principales sindicatos y organizaciones estudiantiles para protestar por la dura reforma laboral del gobierno de François Hollande sacó a más de 1,2 millones de personas a las calles de las principales ciudades francesas (poco más de 300 mil, según la policía). Fueron 260 las manifestaciones convocadas, las que fueron reprimidas desde temprano por la policía con gases lacrimógenos.

Desde la noche del miércoles que se registraban cortes en el transporte público; 1 de cada 4 empleados de la Compañía Ferroviaria Francesa (SNCF) se adhirió a la huelga, mientras que muchos trenes de cercanías, encargados de conectar los suburbios con las grandes ciudades, no salieron de las maestranzas. Los atochamientos en París se compararon a los que se producen durante la época veraniega.

Además, el 25% de los trenes de alta velocidad no efectuó sus recorridos habituales, mientras que de los trenes regionales, la mitad suspendió operaciones.

El servicio de correos y el sistema de salud también se adherió al paro, a diferencia del sector pequeño y mediano empresario, cuya incidencia en las movilizaciones fue nula.

Todo esto, producido por la polémica reforma laboral que, el 9 de marzo pasado, presentó el gobierno de François Hollande, presionado por Berlín y y Bruselas, capital de la Unión Europea. El programa liquida una de las instituciones laborales de la izquierda francesa: las 35 horas semanales de trabajo, y admite los despidos colectivos con indemnizaciones rebajadas con el argumento de problemas económicos de las empresas.

La reforma es rechazada por el ala izquierda del partido socialista francés, el gobernante, lo que a ha llevado a la izquierda francesa a una crisis ruptural.

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