"La presencia de los peregrinos que vienen a visitar la Tierra Santa hace que, quien vive aquí, piense que hay alguien que se interesa, que no estamos solos", dijo a Efe Fray Agustín Pelayo, un franciscano mexicano que lleva en Jerusalén desde el 2003.

Natural de Jalisco, el fraile restó importancia a la ola de violencia que vive la región, argumentando que "Jerusalén siempre ha sido así".

"No hay nada de nuevo en este clima, y creo que lo más importante es no perder la dimensión cristiana en el sentido de que la esperanza es lo que nos mueve", sostuvo.

Alrededor de 130 palestinos, 18 israelíes y dos extranjeros han muerto en la espiral de violencia que comenzó a principios de octubre, y que ha atemorizado al turismo de cara a estas navidades.

Las cifras oficiales israelíes y palestinas recogen un bajón significativo durante el mes de noviembre -aun para ser de los más flojos del año- y, en diciembre, habitual mes de peregrinación por la Navidad, se registra también una menor presencia extranjera.

Fray Agustín explicó que, sin tener cifras definitivas, el peregrinaje parece que se reducirá a dos tercios de lo habitual.

Las Navidades de las distintas corrientes cristianas suelen atraer a decenas de miles de peregrinos de todo el mundo entre finales de diciembre y principios de enero, y aunque el epicentro de las fiestas está en Belén, lugar en el que la tradición sitúa el nacimiento de Jesús, la inmensa mayoría pasa también por Jerusalén.

Con un conjunto de árboles de Navidad a sus espaldas, que la Municipalidad israelí de Jerusalén repartía hoy de forma gratuita a todo cristiano que lo pedía, el franciscano destacó la importancia de esta presencia de peregrinos no sólo a efectos espirituales, sino también económicos.

"La presencia de los peregrinos es también muy importante porque esto mueve el trabajo entre nuestros cristianos, gente que vive aquí y que muchas veces pierde la esperanza", destacó al asegurar que "la realidad no es muchas veces lo que se maneja a través de los medios de comunicación".

"Ven el clima que es está viviendo en este ambiente tranquilo, se ve que la gente puede caminar. Dificultades encontramos en todos los países, muertos encontramos en todos los países, la violencia reina un poco en todas las partes, pero no tenemos que perder esa esperanza", mantiene fray Agustín en un monólogo a favor de la peregrinación.

En la ciudad vieja de Jerusalén los comerciantes árabes aseguran que se nota una cierta paralización en la actividad comercial, mientras un Santa Claus trataba de restaurar el ambiente festivo haciéndose fotos con los viandantes y un ciprés en mano del montón que aún esperaban un hogar en estas Navidades.

"Lo hago para celebrar la Navidad, hacer sentir el regocijo, la paz y el amor por el nacimiento de Jesús", dice Isa (Jesús en árabe), natural del barrio cristiano de la ciudad vieja y quien lleva haciendo el papel de Santa Claus desde hace doce años.

Aunque la condición para obtener el árbol era tener una tarjeta de residencia en la ciudad y ser cristiano, en la práctica cualquier que se acercaba podía llevarse uno de los 200 ejemplares.

En un mensaje de paz desde Tierra Santa, este particular Santa de luengas barbas, insiste -campanilla en mano- en que "este país es un lugar santo para todo el mundo" por lo que "todos deben rezar por la paz en esta tierra" y regocijarse por el nacimiento de Jesús.

Las celebraciones de Navidad en Tierra Santa comenzarán el próximo jueves con el tradicional peregrinaje del patriarca latino, Fuad Twal, de Jerusalén a Belén, el último de su gestión como arzobispo de la diócesis tras haber cumplido los 75 años.

Por la noche, después del festivo recibimiento del que suele ser objeto en la Plaza del Pesebre, oficiará la Misa del Gallo en presencia del presidente palestino, Mahmud Abás, y los cónsules de las potencias occidentales protectoras de Tierra Santa, un oficio transmitido a todo el mundo por la televisión palestina.

 

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