"Preconizamos la exportación" del esperma, declaró la relator del Consejo de Estado, Aurélie Bretonneau, durante una audiencia pública, evocando el carácter "excepcional" de la situación. Los consejos del relator público generalmente son seguidos por la justicia administrativa.

Nicola Turri, fallecido de un cáncer en 2015, había hecho congelar su esperma en 2013 antes de un tratamiento que podía dejarlo estéril. Pese a superar la enfermedad, dos años después fue diagnosticado de leucemia y falleció "una hora antes" de firmar ante notario su consentimiento para la reproducción asistida, según la defensa de su esposa española, Mariana González-Gómez.

Su esperma está conservado en París, ciudad en la que residía con su pareja en el momento de su muerte.

En Francia, la inseminación postmortem está prohibida, y varias mujeres han recibido la negativa de la Administración al solicitar ser inseminadas con esperma de sus parejas fallecidas.

En España, es posible hasta un año después de la muerte del donante, por lo que el plazo legal para que la solicitante pueda inseminarse concluirá en un mes y medio.

 

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