Países sudamericanos, como Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, mostraron su rechazo a la destitución de Dilma Rousseff a la presidencia brasileña, la cual quedó en el mandato del Michel Temer, quien cumplía con las labores de vicepresidente. 

El gobierno de Venezuela condenó "categóricamente" lo que consideró como un "golpe de Estado parlamentario" consumado en Brasil con la decisión del Senado brasileño de destituir a Rousseff. 

En un comunicado de la cancillería venezolana indican que han decidido retirar definitivamente a su Embajador en la República Federativa de Brasil, y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario". 

El Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano anunció también el inicio de "un conjunto de consultas" para apoyar al pueblo de Brasil, "que ha visto vulnerado su sistema democrático y desesperanzado en sus conquistas socioeconómicas".

El Gobierno de Nicolás Maduro, uno de los más cercanos aliados de la administración de Rousseff, acusó a "las oligarquías políticas y empresariales, que en alianza con factores imperiales consumaron el Golpe de Estado contra la Presidenta Dilma Rousseff".

Bolivia también mostró su rechazó al juicio político en contra de la ex presidente brasileña. 

El presidente Evo Morales consideró lo sucedido en Brasil un "golpe parlamentario" y convocó a su embajador en Brasilia. 

"Condenamos el golpe parlamentario contra la democracia brasileña. Acompañamos a Dilma, Lula y su pueblo en esta hora difícil", dijo Morales en su cuenta de Twitter @evoespueblo.

En otro tuit, anunció la convocatoria al embajador boliviano en Brasil "para asumir las medidas que en este momento se aconsejan".

El gobierno de Nicaragua también condenó "el golpe de Estado parlamentario". 

"Esta mañana se conoció la culminación del proceso de separación, proceso que en su momento nuestro Gobierno condenó por considerarlo injusto, realmente es una destitución", señaló la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, en un mensaje leído a través de medios oficiales.

La funcionaria refirió que esa destitución "se ha catalogado también como un golpe de Estado, un golpe parlamentario, que ha separado de la presidencia a la hermana, compañera Dilma Rousseff".

Según Murillo, con la culminación de ese proceso de destitución en Brasil, "se está declarando de muchas maneras la apertura de una etapa difícil para el pueblo brasileño, donde se habla del regreso de las políticas neoliberales".

"Recordemos que el Gobierno de Lula (Luiz Inácio Lula da Silva) y de Dilma han sacado a millones de brasileños de la pobreza y ahora los augurios, los pronósticos, no son buenos para las familias del Brasil", agregó.

A su vez, Ecuador, catalogó la destitución de Rousseff una "apología" al abuso y la traición que recuerda las "horas más oscuras de nuestra América".

El mandatario ecuatoriano, en su cuenta de Twitter, mostró su preocupación por lo ocurrido hoy en Brasil y expresó su solidaridad a Rousseff.

Lo ocurrido hoy en Brasil contra Dilma es "una apología al abuso y la traición. Retiraremos nuestro encargado de la embajada" de Ecuador en Brasilia, escribió Correa, que guarda afinidad ideológica con Rousseff y con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, ambos del Partido de los Trabajadores.

"Toda nuestra solidaridad con la compañera Dilma, con Lula y con todo el pueblo brasileño. ¡Hasta la victoria siempre!", concluyó el mandatario ecuatoriano.

El Gobierno de Ecuador anunció hoy que llamará a consultas al encargado de negocios de su embajada en Brasil tras la destitución de Rousseff, que consideró ilegítima y tildó de "golpe de Estado solapado".

PUB/CF