Ana Sepúlveda tiene 55 años y vive hace 41 en Chaitén. Ahí atiende en el hotel Corcovado, que por los problemas que hubo en la ciudad tras la erupción del volcán en 2008, permanece cerra­do.

Sin embargo, aseguró que hay varios establecimientos que continúan atendiendo, eso por la gran cantidad de turistas que no dejan de llegar a zona.

“Tenemos problemas de agua, pero hay algunos que igual reciben turistas. Todas las cabañas están abiertas y otros hoteles también. Es sorprendente la cantidad de ‘gringos’ que andan por las calles”, aseguró la mujer.

Sepúlveda además afirmó que los extranjeros se “quejan mucho porque no se explican por qué no pueden venir si la ciudad está muy bien. Está llena de flores y ellos incluso toman agua del río cuando practican kayak”.

Felipe Parada tiene 22 años y es otro habitante de la localidad. Desde hace un mes realiza excursio­nes con los turistas. “No sólo viene gente extranjera, hay muchos chilenos también”.

Según el joven, realiza excursiones casi cada día “dependiendo si el tiempo es bueno”. Sobre el peligro de hacer esta actividad explicó que “lo de la alerta es una mentira del Gobierno para mandar extender el bono. No ha temblado ningún día y no hay nada que prohíba que venga gente”.