Cuando los primeros días de abril murió Felipe, el hijo de 11 años de Gonzalo Cruzat, tras 93 días de esperar un trasplante de cora­zón, algunos parla­men­tarios asumieron el com­pro­miso de aprobar rápido la ley que establecería el donante universal. Incluso la bautizaron como “ley Fe­li­pe Cruzat”. Recién ayer, la Cámara de Diputa­dos la despachó. Tiene suma urgencia. Aún es posible que antes que se termine el año sea una realidad.

¿Cuál es tu expectativa en lo personal? Estas fechas además son, sin duda, particularmente emotivas y simbólicas.
Cuando Felipe aún estaba con vida pensaba en la posibilidad de tener pronto la modificación de la ley, para darle mayores opciones de trasplante en el tiempo que pensábamos le daría el corazón artificial. Sería un buen regalo de esperanza para las cerca de 1.800 personas que esperan un trasplante hoy. 

¿Apoyas totalmente el proyecto en discusión o crees que aún carece de algo?
Lo que se discute en el parlamento se refiere al Donante Universal, que significa que todos somos donantes salvo que expresemos lo con­tra­rio. Es un paso importante y simbólico para revertir las bajas tasas de donación de órganos. Pero para que realmente hagamos una dife­ren­cia se requieren otras modificaciones que se refieren a la institucionalidad y el financiamiento del sistema. Ya daremos esos otros pasos hasta tener un sistema que permita reducir tantas muertes que ocurren hoy por falta de donantes, del orden de 150 chilenos al año.

Entonces, tu lucha seguirá después de esto.
En lo personal seguiré em­pu­jando para que tengamos un sistema moderno y efectivo de donación de órganos y trasplantes. Felipe, quien en estas fechas aún estaba con nosotros en la casa, nos ayudará desde el cielo.

¿Qué señal país esperas de los parlamentarios?
Tanto los parlamentarios como el Gobierno se han preocupado, sensibilizado y comprometido para hacer las reformas. No obstante, como buenos chilenos a veces nos quedamos en las palabras y falta el concretar los compromisos.