Tohá es reconocidamente la más notable líder de esa generación, por fondo, forma y proyección. Fallaron a una de las leyes del poder: no ventilar cuestiones íntimas que evidencien debilidades.
El escándalo de la semana. Sí. Así mismo se llama la sección principal de un estelar de farándula, y no son pocos los que piensan que el episodio político-familiar de Carolina Tohá y Fulvio Rossi califica perfecto para la nota central de ese programa de TV.
Con el glamour suficiente para ser una de las parejas de políticos preferidos del papel couché, Tohá y Rossi, sin embargo, fallaron a una de las principales leyes del poder: no ventilar cuestiones íntimas que evidencien debilidades, menos de corte emocional.
El asunto partió mal para Rossi cuando escuchó los cantos de sirena de algunos viejos tercios del PS, que conocedores de las vanidades humanas, lo tentaron para convertir su presidencia interina de la colectividad en algo permanente. De ese modo instalaron una cuña (dividir para gobernar) en el sector de los parlamentarios jóvenes que, movidos por los vientos de cambio generacional que empezaron a soplar con Enríquez-Ominami, se aliaron para enfrentar al escalonismo, liderado por el ex ministro Osvaldo Andrade.
El diputado Marcelo Díaz ya había aceptado ese desafío y Rossi incluso le había manifestado públicamente su apoyo. Esto hizo que desde el comienzo su irrupción en la interna PS se viera fea. Pero que su esposa, quien desde antes estaba embarcada para competir por la presidencia del PPD, renunciara a su opción por la incompatibilidad de que las dos colectividades del progresismo fueran dirigidas desde la misma cama matrimonial, fue la gota que rebalsó el vaso.
Rossi acumuló críticas públicas y privadas y el lunes fue el único personaje abucheado en el conclave concertacionista. Luego de eso declinó su opción a la titularidad del PS, se quejó ante los micrófonos con Tohá por no contarle que ella se iba a bajar y partió amurrado para su reducto nortino.
El episodio podría ser meramente anecdótico (hay cosas mucho más graves, desde los conflictos de interés del Presidente hasta los curas pedófilos). Pero lo cierto es que el debut de esta llamada nueva generación, que se suponía venía a cambiar rostros, reemplazar estilos y defenestrar viejas prácticas y mañas que alejaron a la Concertación de la ciudadanía, fue con el pie izquierdo. El asunto es más complejo para Tohá, quien es reconocidamente la más notable líder de esa generación, por fondo y forma, por experiencia y proyección. No por nada se dice que Lagos quedó indignado con el asunto, pues su proyecto es que ella ocupe un lugar protagónico en la centro izquierda del presente y el futuro.
Las dudas sobre esta generación que ha retrasado eternamente su asalto a la primera línea de la cosa pública aún no se despejan. Parece haber en su ADN algo errático, un exceso de individualismo tal vez, o quizás es el apoltronamiento propio de los años aguachados bajo el Estado, abundantes en comodidad y confort. En todo caso, la oposición es el lugar correcto para forjar el carácter. La selección natural hará el resto.
























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