El envejecimiento y la urbanización de la población son dos tendencias globales que, juntas, constituyen fuerzas importantes que caracterizan el siglo XXI. A medida que las ciudades crecen, su proporción de residentes de 60 años de edad y más va en aumento. Para el año 2030, cerca de tres de cada cinco personas del mundo vivirá en una ciudad y para 2050, uno de cada tres chilenos tendrá más de 60 años.


En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), impulsó en 2006 la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, proyecto que busca contribuir a la creación de entornos y servicios que promuevan y faciliten un envejecimiento activo y saludable. Por una ciudad amigable con el envejecimiento se entiende como aquella en la que las políticas, los servicios y las estructuras relacionadas con el entorno físico y social de la ciudad se diseñan y reorganizan para apoyar y permitir a las personas mayores vivir dignamente, disfrutar de una buena salud y continuar participando en la sociedad de manera activa.  


En el caso de Chile,  ya hay comunidades en las que más del 20% de su población son personas adultos mayores.  Para Javier Uribe, Consultor de Sistemas y Servicios de Salud de la OMS, “la presión para Chile es supremamente grande, ya que al igual que otros países de  América Latina,  la transición demográfica y epidemiológica es muy acelerada y no pasó como en Europa, que durante 200 años fueron creciendo y adaptando su sociedad a ese envejecimiento, en el caso de América Latina, se ha dado un vuelco muy grande que en los últimos 50 años la presión va a ir en aumento”, aclaró.


Son más de 300 ciudades inscritas en el mundo en el programa. En Chile actualmente solo hay una comunidad que ha postulado y es la comuna de Victoria, al sur del país, que a la fecha ha concluido su primera fase del proceso.


El punto crucial para adherirse es la voluntad política de las municipalidades y las comunidades de querer desarrollarla, explica Uribe.  “En el caso de Santiago hay un elemento muy importante y es que como es muy grande, lo ideal sería que el gran Santiago se vinculara dejando la libertad a que cada una de las comunas desarrollara sus planes en un efecto coordinado en el que Santiago promueva la iniciativa y cada comuna desarrolle intervenciones puntuales”.


Bajo el contexto de las elecciones municipales en el país, Uribe señala que es el momento propicio para que muchas municipalidades en Chile se puedan adherir a esta propuesta, donde el rol del alcalde electo que sea consciente de sus personas mayores es esencial, puede desarrollar la iniciativa durante su próximo periodo de gobierno.

La OMS viene trabajando conjuntamente con el Ministerio de Salud, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y la Asociación Chilena de Municipalidades,  para preparar material que permita a las nuevas autoridades conocer cómo pueden desarrollar “comunidades y ciudades amigables con las personas  mayores” para que se vinculen a la iniciativa porque las necesidades del adulto mayor son muy grandes en Chile, señala Uribe.


La propuesta de una ciudad amigable contiene 8 ejes de acción: espacios al aire libre y edificios, transportes, vivienda, participación social, respeto e integración social, participación cívica y empleo, comunicación e información, apoyo de la comunidad y servicios de salud.


Si bien estas 8 áreas son como el menú, también hay experiencias donde algunas municipalidades han optado, como en el caso concreto de Miami, que focalizó sus opciones en el tema de los parques, transporte y vivienda. En el caso de Victoria, ha sido muy interesante porque ha priorizado el trabajo intercultural con las comunidades mapuches, la entrega de servicios de bienestar de promoción y prevención a nivel urbano y rural, ha promovido la participación y algunas mejoras de infraestructuras en la comuna, explica.


Las iniciativas son muy fáciles de considerar y desarrollar, sostiene Uribe y pone como ejemplo Miami, donde en algunas áreas de la ciudad en que hay mucho adulto mayor, la municipalidad ha aumentado los tiempos de espera en los semáforos, y tiene una lógica, ya que un adulto mayor no cruza tan rápido como un joven y eso evita accidentes. También en los parques colocar pisos antideslizantes y  barandas para que el mayor se pueda sostener, bancas más altas para que sea más cómodo sentarse.


En este sentido, el Dr. Javier Uribe explica que el reto de adaptarnos al envejecimiento demográfico implica un proceso de transformación social en que las personas mayores son participantes activos y no meros espectadores.


“Nunca se está completamente preparados pero hay que avanzar, el desafío es que queramos o no, nuestra sociedad va a ser paulatinamete una sociedad con personas mayores y es una apuesta de la vida porque lo que haga hoy por los adultos mayores me va a beneficiar a mi, porque el dia de mañana, todos vamos a ser adultos mayores, concluye.

 

PUB/IAM