El envejecimiento constituye un triunfo del desarrollo:  es el resultado de un aumento de la esperanza de vida, que se debe fundamentalmente a los remedios, los avances tecnológicos y la medicina preventiva en términos generales, señala Ricardo Riesco, experto en demografía de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la U. San Sebastián. Por otro lado responde a una tendencia persistente de disminución de las tasas de fecundidad,   que se debe al hecho de que por primera vez en la humanidad, existe la posibilidad de que en vida de una generación, uno pueda abandonar el subdesarrollo, además de la incorporación de la mujer al trabajo, señala Riesco.


El envejecimiento de la población está ocurriendo en todas las regiones del mundo y en países que alcanzaron diferentes niveles de desarrollo. Aumenta con mayor rapidez en los países en desarrollo, incluidos aquellos que también tienen grandes poblaciones de jóvenes. De los 15 países que actualmente tienen más de diez millones de personas de edad, siete son países en desarrollo.
Esta tendencia es irreversible y  las poblaciones jóvenes se irán haciendo escasas durante el siglo XXI: en la actualidad, de los 7.300 millones de habitantes de la Tierra, los jóvenes son algo menos de 1.800 millones (uno de cada cuatro).

Esto significa que  una cantidad mayor de los niños conocerán a sus abuelos e incluso sus bisabuelos, pero  también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y seguridad.

Rosa Kornfeld, directora del Centro de Estudios de la Vejez de la U. Católica sostiene que hay que tomar distintas políticas públicas  para abordar el envejecimiento porque es un efecto transversal, el enfoque hoy en día  debe integrar el factor social, sanitario y psicológico.  

Se trata de un envejecimiento positivo que  busca crear un futuro deseable, donde los países enfrenten con éxito los desafíos de la nueva estructura demográfica, donde las personas mayores sean autovalentes, estén integradas a los distintos  ámbitos de la sociedad y reporten niveles de bienestar tan altos como los jóvenes.

En el aspecto sanitario por ejemplo es necesario que las personas de edad tengan acceso a servicios de atención de la salud acogedores para las personas mayores y costeables, que satisfagan sus necesidades.  “La idea es que el envejecimiento sea lo más saludable posible para evitar perder la autonomía, por eso un elemento clave es la prevención, y en eso los servicios sanitarios tienen que ir preparándose para hacer controles preventivos, tener centros de día , cuidado domiciliario…etc,  bajo el objetivo de que los adultos mayores viva el resto de sus días en las mejores condiciones de salud y evitar las enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión, porque prolongar la vida para estar en un establecimiento de estadía no tiene sentido”, explica Kornfeld.

Históricamente el debate sobre el envejecimiento ha estado excesivamente centrado en sus elementos negativos.  Un ejemplo de ello son las declaraciones en 2013 del ministro de Finanzas japonés,  en las que pedía a las personas mayores “darse prisa y morir” para aliviar los gastos del Estado en su atención médica.

Kornfeld señala la importancia de ver al adulto mayor no como un problema sino como una oportunidad, por  la sabiduría acumulada a lo largo de la vida, como transmisores de la cultura, como cuidadores de otras personas y donantes de su tiempo, energía, conocimientos, apoyo afectivo, material y económico a la familia y a la sociedad.

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