La semana pasada cometí un error de esos que te llevan a reflexionar y aprender sobre las sensibilidades humanas. Y quisiera compartir con ustedes lo que saqué en limpio. 

Les cuento: en el programa en que trabajo, después de tratar de bataclana (término de vejete, obviamente bromeando) a una participante de reality para bromear, cometí una torpeza. Llamé “fleto” a un compañero de trabajo, en un contexto de joda.

He esperado, después de ver reacciones y en medio de la bestia que es el Festival de Viña para las pautas periodísticas, responder y analizar lo que pasó. No enloquecer. Sino mirar  las cosas en frío.

Yo no pensé que iba a reaccionar pésimo, ya que siempre a mí me tratan de gordo y otros términos similares pesadotes. Quizás vivir conectado me ha vuelto menos sensible a frases duras. "Nada es personal" parece ser el rezo de Internet. 

Todos somos distintos y es ahí donde me equivoqué. Tengo amigos gays que se ríen de sí mismos y de los heterosexuales en libertad. Nunca pensé que iba a levantar tal locura una discusión sobre una palabra tan boba y fea. 

En la tele todos extremamos nuestras posiciones, porque es un espectáculo. Ojalá no les mate la magia, pero muchas veces las discusiones están coordinadas.

Cuando traté a mi partner de esa forma no fue con la intención de degradarlo, sino que de jugar como cuando a mí me dicen algo en pantalla y tiendo a reírme y pensar “bueno, esto es un show y es la gente la que mira”. 

Ante todo soy un enemigo de darle peso a un tema tan tonto como la farándula. Mientras algunos informativos están preocupados de vender cosas, no pueden ser los programas de espectáculo los que tomen roles inquisidores. No corresponde, porque se vuelven los inspectores de la escuela, los carabineros de la plaza. Paternalismo que provoca risa. En general, alrededor mío se pudren por eso ya que el tono es del tipo “analizando la caída de Mubarak y sus conse­cuencias en relación al mundo occidental”, cuando sólo hablan de las extensiones de Kenita.

Para mala suerte, no habían muchas noticias. Luego de eso Jordi Castell empezó a bromear con mi condición de gordo en Twitter tratándome de “obeso mórbido” por haber tirado esa tontera. Cuestión que como a mí me importa un carajo, porque soy libre y creo en la libertad de los otros, no llamaré a juzgar por ningún motivo.

Yo no quise herir a mi compañero, como lo hice saber públicamente. Tam­poco a mis amigos ni a ningún homo­sexual. Sería un idiota de verdad. Leí reacciones que ni siquiera tienen relación con el video.

El Movilh declaró que mis frases eran homofóbicas y misóginas y por eso iba a pedir una sanción al CNTV. El CNTV, como saben, es como la policía de la tele que multa a los canales. Cualquiera puede hacer una denuncia al CNTV desde su casa así que tampoco es un gran trabajo ése de llamar a la censura del otro.

Extrañamente esta vez pasaba, cuando todo el tiempo tratan a los gays pésimo (más allá de una torpeza o una pelea pendeja) en espacios como “Morandé con compañía” u otros estelares de humor donde derechamente se refieren a la comunidad como “maracos”. Pero como es febrero y las noticias escasean...

Durante años he defendido los derechos gays en radio, diarios y televisión. He asistido con mi novia y amigos a marchas de apoyo y hasta he transmitido contenidos desde ahí. No siento problemas en tener un hijo y que éste sea homosexual, en tanto sea feliz.

Reducir esto a mi supuesta “homofobia” es una tontera. Quizás fui tan progre que pensé que un trato así ya no era tema, porque los verdaderos temas sobre sus derechos se están planteando y peleando desde el Movilh

Veo que no es así y los resultados tristemente célebres están a la vista. Pero ante todo siento y creo de corazón que uno debe ser libre de lo que quiera y el estado debe garantizar los mismos derechos a cada uno de nosotros, sobre cualquier sexualidad. Sin ninguna clase de llamado a censura.

Sí al debate, por supuesto al cual invitado por cualquiera, iría sin problemas. Es más, aprovecho esta tribuna para invitar a Rolando Jiménez a mi programa  www.demasiado.tv y entender qué daño cometí.

Y es a esa libertad también a la que apelo para primero pedir disculpas a quienes pude haber herido y quiero hacerlo por estas palabras. Me había quedado sin más reacción que pedir disculpas y pensar. Yo también me siento mal. Ante todo soy humano y me equivoco y aprendo. Lo menos que quisiera es pensar validar la homofobia y cualquier clase de discri­minación. 

Si todos somos libres y ayudamos a tener derechos igualitarios, mejora la sociedad en su conjunto. Felicidad para todos por igual.