Ya se transformaron en un imperdible del aire. Actualmente, son más de 2 mil los drones que vuelan en Chile, mercado que crece al 20% por mes. La variedad de los modelos y la multiplicidad de precios, han hecho posible que sean accesibles a cada vez más personas, y para los más variados usos.

Sin embargo, no cualquiera puede utilizar una de estas pequeñas aeronaves, tal como lo explicó el director del Club de Robótica de la Universidad San Sebastián, Carlos Escobar:  "Existen drones para usos tanto recreativo como profesional, no obstante siempre está el peligro de que uno se pueda caer, como cualquier objeto que está en altura".

"Evidentemente el peligro está en que se puede precipitar sobre la cabeza de alguien y provocar desde daños menores hasta algo más complejo, por el peso y/o la fuerza con que se precipite a tierra", complementó.

El especialista, además, recordó que nuestro país fue el primer país de Latinoamérica que reguló la manipulación de estos artefactos, asegurando que actualmente hay dos requisitos que se deben tener en cuenta: "Primero, cualquier dron debe ser registrado, que consiste en una licencia en la que se muestra a través de una foto el dron en particular, su número de registro o serie –el cual también debe exhibirse grabado en el mismo aparato– además de otras particularidades técnicas como marca y modelo. El segundo requisito es certificarse como operador de un RPAS (Aeronaves Pilotadas a Distancia o en inglés Remotely Piloted Aircraft Systems").

Carlos Escobar reconoció que, en general, el perfil de personas que adquieren drones, “es gente que gusta de la última tecnología, que tiene lo último en computación o en telefonía móvil. Hoy en día, el poder adquisitivo no es factor, porque el minidron de 7 cm. vale unos 15 mil pesos, y hay hasta drones de 50 cm. de ala que pueden llegar a los 6 o 7 millones de pesos, pero hay para todos los gustos y bolsillos”.

Por último, el experto indicó que estos equipos tienen "muchas cosas útiles", versatilidad que se aplica en campos tan variados como la agricultura o minería. Por ejemplo, permite acceder a lugares complejos e identificar los posibles peligros que tendría el trabajo humano, Además, entregan la posibilidad de instalar cámaras térmicas u otros dispositivos.

Respecto de los “contras”, al director del Club de Robótica de la Universidad San Sebastián le preocupa “el uso que puede ser un poco indiscriminado en el tema del ámbito privado, particularmente cuanto el dron vuela sobre las casas invadiendo la privacidad de las personas o de sus momentos privados, como puede ser algo tan simple como tomar un baño de sol”. 

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