El avance de las nuevas tecnologías y el contar permanentemente con Internet móvil permite a los padres estar en constante contacto con sus hijos, una buena herramienta para alguna emergencia o necesidad. Sin embargo, esta portabilidad abre cientos de puertas que pueden poner en peligro la integridad física y emocional de los niños, que no siempre advierten los peligros que se ocultan del otro lado de la red, especialmente cuando se enfrentan a las redes sociales.
 
La académica de la carrera de Pedagogía en Educación Básica y experta en Tecnología de la Educación de la Universidad San Sebastián, Ángela Guzmán Michellod, sostiene que “siempre estamos viendo en los medios de comunicación lo negativo de las redes sociales y la Internet, pero también hay que reconocer que tiene un lado bueno, que es el que nos permite reunirnos, reencontrarnos, interactuar y crear lazos. El peligro ocurre cuando no se miden las consecuencias que acarrea su uso, o lo que ese transmite”.
 
El rol de los padres
 
Uno de los principales problemas que se ha detectado, es el llamado ciberbullyng, o acoso virtual, “que dice relación con cómo nosotros, los seres humanos, las personas, utilizamos los recursos tecnológicos y los medios sociales”, indica la profesora.
 
La académica recalca que hoy en día, este tipo de acoso “tiene mayor repercusión que el antiguo matonaje físico o presencial, porque hoy se amplía y se transforma en un acoso mucho más grande, porque trasciende el sistema escolar –que es donde está principalmente focalizado– y a través de las redes sociales se masifica, entonces se transforma en un problema que llega al barrio, al colegio, e incluso a personas que ni siquiera se conocen y además, con una temporalidad distinta”.
 
Es por eso que Ángela Guzmán sostiene que la importancia del rol parental en este aspecto es fundamental. “Los padres, a nivel del sistema escolar, deben trabajar y estar muy en contacto con la escuela, donde existen los manuales de convivencia escolar desde principios de esta década. Hay que realizar un trabajo muy fuerte y mancomunado entre profesores, encargados y la comunidad escolar en general”. Ello, porque generalmente los padres tienen conocimiento de la existencia de estas redes, pero “por falta de tiempo, por la vorágine del día a día, no se involucran en su funcionamiento. En Facebook, por ejemplo, existen configuraciones donde se puede administrar la privacidad de la información, o dejarlo completamente cerrado, donde solamente un grupo de amigos virtuales puede ver los perfiles”. En ese sentido, “falta mayor información de parte de los padres y más seguimiento y apoyo en ese sentido”, añade.

Conversación y orientación
 
Podría sonar razonable que para evitar la exposición de los niños en Internet, los padres restrinjan los accesos o, sencillamente, corten el suministro en casa. Sin embargo, para la académica de la Universidad San Sebastián “esa es la solución más fácil, pero obviamente no es la idea. Si bien se le puede cortar el suministro en casa, el niño tendrá acceso en cualquier otra parte. Además, es parte de nuestra sociedad y no podemos permanecer ciegos ante eso. Las redes sociales, la informática, las comunicaciones están en nosotros y debemos aprender a utilizarlas”.
 
Para la académica, en la educación y el acompañamiento al menor está la clave, pues “el ciberbullyng, por ejemplo, es una la intimidación entre pares, principalmente a nivel escolar. Sin embargo, existen otros peligros latentes que traspasan esa frontera, como el grooming o acoso sexual, que implica a un adulto y a un niño, lo cual ya tiene matices más serios y se transforma en un problema asociado a la legalidad. Desgraciadamente, todavía vemos desde la distancia las acciones; aún lo vemos desde lejos, en tanto no nos afecte directamente”.
 
“Por eso se requiere de una conversación y de un aprendizaje constante. Hoy en día tenemos a muchos niños y niñas que han comenzado a incorporarse al tema de las fotografías tipo selfie, muchas de ellas con actitudes eróticas, en semidesnudez o mostrándose mucho, lo que claramente representa un peligro. Por eso la orientación de los padres es fundamental, para fomentar no solo el autocuidado, sino también el buen trato y el respeto entre hombres y mujeres”, puntualiza Guzmán.
 
Por eso, recomienda que, en un marco educativo, “el ideal es que los niños se incorporen a la tecnología de acuerdo a su edad, evitando que se salten los procesos naturales y que hoy se han ido acelerando. Es conveniente que quienes se incorporen a las redes sociales sean jóvenes con un criterio un poco más formado. Los niños, como tales, tienen su inocencia, muchos desconocen lo que pueda suceder. Si bien pueden generar algún tipo de conexión entre lo malo y lo bueno, no necesariamente pueden distinguir lo que puedan encontrar del otro lado de la pantalla”, enfatiza.

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