Ah!, imagina un paisaje ideal: molinos de viento girando majestuosamente, madres y padres montando sus bicicletas y sus hijos pequeños en los asientos detrás de ellos.
Bienvenido a Copenhague 2012. “El verde se ha generalizado y las ciudades están haciendo un gran esfuerzo para convertirse en verdes”, dice Sascha Haselmayer, director general de Living Labs, una organización de innovación urbana. “Algunos están pintando las aceras verdes, metafóricamente hablando, pero otros como Copenhague, están haciendo grandes cambios. Hoy no hay mucho más dinero para las inversiones verdes del que había hace apenas 20 años”, agrega.
Las grandes empresas de ingeniería como Siemens ahora tienen departamentos enteros trabajando en proyectos verdes para la ciudad y se prevé que el gasto de las ciudades en “ponerse verde” aumente.
“Cientos de alcaldes están pensando en cómo tener ciudades verdes, y están tomando medidas reales”, explica el doctor David Satterthwaite, experto en vida urbana en la sede en Londres del Instituto Internacional de Desarrollo y Medio Ambiente. “Sin embargo, la adaptación al cambio climático requerirá un conjunto de pasos”, aclara.
Mientras que ciudades como Copenhague y Eindhoven están enfocadas en reducir e incluso eliminar las emisiones de gases, los esfuerzos de otras ciudades verdes se centran en los residuos y el transporte público. Birmingham, por ejemplo, planea convertir todos sus desechos de alimentos en energía, mientras que la ciudad sueca de Malmö utiliza los residuos de los residentes para darle energía a sus autobuses.
En Brasil, la ciudad de Curitiba ha reducido el desperdicio en un 70% y construyó un nuevo sistema de transporte masivo más barato. Hamburgo y Estocolmo, están en medio de iniciativas verdes ultra ambiciosas hace varios años. Otras ciudades incentivan a sus residentes a cultivar alimentos e incluso dejan espacios en los parques públicos reservados para los agricultores urbanos aficionados.
“La fiebre del verde no está sucediendo en todas partes, y no es sólo por una cuestión de dinero”, dice Haselmayer. “En España, donde vivo, el gobierno debe enseñar a los residentes a pensar en verde”, dice.
Algunos piensan que la fiebre verde es una respuesta al calentamiento global, pero el verde también se ha convertido en una moda.












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