“Lo que hace que un chiste sea bueno es lo mismo que lo hace difícil de recordar”, dice el psicólogo estadounidense Robert Provine.
De acuerdo a Muy Interesante, cuando escuchamos historias que sorprenden y hacen reír con giros inesperados habitualmente sólo recordamos el final.
Provine, de la Universidad de Maryland, añade que “los buenos chistes funcionan al revés que los poemas o las piezas de música, donde la rima y el ritmo, la repetición, refuerzan la memoria”.










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