El estallido de rabia por los últimos casos de crueldad hacia animales es, por un lado, un buen síntoma. El gato asesinado por una golpiza en Peñaflor o el felino muerto tras ser metido a una lavadora, hablan de un problema social que, al fin, está ganando terreno en la opinión pública. Nosotros en la USACH recibimos hace unos días a Pucho, can que fue apuñalado por un desconocido, quedó en shock y casi muere de hipotermia. Aún se encuentra hospitalizado. Quienes deciden ingresar al adverso mundo de los animales abandonados, se darán cuenta que casos como estos no son infrecuentes. Los presenciamos a diario, pues los golpeados, mutilados, atropellados o quemados con agua hervida o aceite llegan cada cierto tiempo, portando secuelas físicas y psicológicas profundas.

¿Pero acaso la crueldad se limita a golpizas y pérdida de sangre? Pasar de largo frente a un sarnoso o cachorros olvidados en una burlona cuna de cartón también podríamos interpretarlo como indiferencia, y por ende, una crueldad indirecta al no prestar ayuda al abandonado, al que no es protegido por una ley que los concibe como “bienes muebles”, pese a tratarse de seres con emociones, inteligencia y conciencia científicamente comprobadas (ver Declaración de Cambridge sobre la Conciencia de Londres, 2012).

La indignación no puede permanecer contenida en nuestro organismo, ¡es malo para nuestra salud! Más vale desahogarla con acciones concretas de ayuda, con urgente activismo. A nadie le sobra el dinero ni el tiempo, pero es de importancia capital moverse, pedir ayuda de forma honesta y esforzarse dentro de las posibilidades para generar cambios a nivel micro, siempre fantaseando- románticos- con impactar a nivel macro.

Lo acontecido con estos y miles de otros animales no humanos es sólo la pizca de un problema social mayúsculo. La falta de educación, empatía y consideración hacia estos seres que se encuentran en absoluta vulnerabilidad, no sólo hará de sus vidas una tortura, sino que repercutirá de una manera u otra en las relaciones humanas que sostenga el sujeto cruel, a ese que quisiéramos linchar, pero que a la vez debiese servirnos de inspiración para abandonar la cómoda “rabia de escritorio”, para salir a la calle y ponerse a trabajar por aquellos que ocupan el escaño de mayor desventaja, por el simple hecho de no haber nacido humanos. No recibirás dinero o un título nobiliario por parte de la Reina Isabel II. Más importante aún: sabrás que haces lo correcto, y como bonus track, recibirás los lamidos y movimientos de cola más sinceros y efusivos de tu historia. Simplemente, ¡impagable!

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