Educación en casa: ¿cómo cambia la vida de los estudiantes que no van al colegio?

Cada vez más familias están eligiendo que niños y adolescentes aprendan las distintas materias de forma autodidacta para tener más tiempo familiar.

Por Sandra Quevedo

Ya no se ponen uniforme, no preparan las mochilas, ni tienen extensas jornadas de estudio fuera de sus casas. Esta es la modalidad que están tomando algunas familias que decidieron retirar a sus hijos de los colegios para enseñarles las asignaturas en sus hogares.

Valentina Santa Cruz está a una semana de cumplir 7 años, y desde hace algunos meses ha podido levantarse más tarde y tener una vida más relajada en comparación con el año pasado, esto gracias a que sus padres decidieron adoptar la modalidad conocida como “HomeSchool”.

“Me gusta más la casa porque cuando iba a la escuela no veía mucho a mi mamá, llegaba en la noche a sólo bañarme, comer y acostarme y al otro día lo mismo. Ahora me levanto después, hago tareas en las mañanas y tengo más tiempo para compartir con mis papás sin apurarme”, cuenta Valentina en un momento de recreo después de su clase de historia.

Los motivos de los papás de Valentina para retirarla de la educación formal, se deben a las largas jornadas de estudio, las que no le permitían tener más tiempo libre para practicar otras actividades extracurriculares, como la gimnasia artística que ejercita la pequeña en el Centro de Alto Rendimiento (CAR).

“Después de un año en el colegio, que era muy bueno, nos dimos cuenta que no cumplía con lo que queríamos. En este tiempo el resultado ha sido fabuloso porque ahora podemos influir mucho más en la vida de nuestra hija con valores cristianos que estimamos necesarios y tiene más tiempo para el deporte”, comenta Ruth Llanos, mamá de Valentina.

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Validar los aprendizajes

Para poder validar los estudios que realizan en sus hogares, los alumnos deben rendir exámenes libres inscritos en el Ministerio de Educación, y a cada uno de ellos se les asigna un establecimiento educacional que los examina a final de año.

Los estudiantes que rindan exámenes libres, son quienes no estén matriculados en el sistema regular o quienes lo estuvieron y lo dejaron por motivos de salud, o realizaron sus estudios en establecimientos sin el reconocimiento oficial.

De acuerdo a cifras entregadas por el Mineduc, al año 2016 se autorizaron 15.415 menores de 18 años para rendir exámenes libres, cifra que aumentó a los 8.934 del 2013. Si bien esta cifra corresponde a los niños y jóvenes que no están en la educación tradicional, desde el ministerio informan que no todos ellos estudian desde sus casas, porque la cifra engloba a menores que están en el Sename o están en colegios no reconocidos.

“Tanto en el caso de los menores de edad como de los mayores de 18 años, las cifras no son los suficientemente estables para sacar conclusiones a partir de ellas de convertirse en una tendencia”, expresan desde el Mineduc.

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Tanto Valentina, como otros estudiantes se preparan en sus casas con los temarios entregados por el Mineduc, e incluso algunos han formado grupos de estudios para acompañarse en este proceso, como el caso de las hermanas Aylin Hidalgo (12) y Lissette Hidalgo (10), quienes ya llevan cuatro años estudiando sin ir al colegio.

“Como familia no nos estaba acomodando las extensas jornadas, por eso quisimos hacer un cambio”, cuenta Tatiana Soto, madre de las hermanas Hidalgo.

Según cuenta Lissette, el dejar el colegio le ha permitido desarrollar otras habilidades que la apasionan como la música, porque logró cambiar sus rutinas diarias.

“Ya no estoy tantas horas en el colegio estresada, porque antes me aburría y ahora me enseña mi mamá y tengo tiempo para estudiar música que es lo que más me gusta, ahora voy a una academia a estudiar violín”, cuenta la niña de 10 años.

Una de las razones que más se repite para alejarse del sistema tradicional es la extensa jornada escolar, pero otra que toma más fuerza es el ahorro de dinero para algunas familias, como el caso de Barbara Maureira, quien por problemas de salud de su hija Rafaela optó por seguir con enseñanza desde su hogar.

“Este es el segundo año que decidimos que Rafaela estudiara en la casa, debido a sus problemas médicos, pero más allá de servirle para estar más tranquila y despejarse de las situaciones de estrés, como familia nos ahorramos un montón de dinero, porque dejamos de gastar en matrícula, mensualidad, furgón escolar y todos los materiales que se piden en el colegio”, cuenta Bárbara.

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