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¿Por qué hay gente que no puede sonreír?

Las primeras impresiones son muy importantes y una sonrisa ayuda mucha en esas ocasiones. Quien no pueda sonreír debido a algún accidente o enfermedad, está en desventaja. Por eso, algunos se embarcan en largos y complejos procesos quirúrgicos para conseguir una sonrisa simétrica.

Kevin Portillo practica cada día cómo sonreír. Normalmente, lo hace después de cepillarse los dientes, pero también cada vez que pasa por el baño o en cualquier lugar donde encuentre un espejo.

Mete sus dedos índices en cada lado de la boca y los levanta con cuidado. Frunce su cara como si fuera a dar un beso, luego abre los labios en una gran O, tratando de calentar sus músculos faciales. Practica tanto la sonrisa de Mona Lisa, discreta y con los labios juntos, como la amplia que enseña todos los dientes.

Se supone que tiene que hacer sus ejercicios cada día. Pero, al tener 13 años, a veces se olvida pese a ser consciente de lo importantes que son.

"Necesito estirar mis mejillas", cuenta. "Lo hago un par de minutos. Tengo que hacerlo todos los días". Las ejercita tanto que a veces le duele la mandíbula.

  1. Las fotos de una madre inspirada en su hijo que no puede sonreir

Kevin nació en Nueva Jersey con un raro tumor vascular maligno, un hemangioendotelioma kaposiforme (HEK), que cubre la parte izquierda de su cara, apretando su ojo izquierdo y empujando su nariz hacia la derecha. Inmediatamente después de su nacimiento, los médicos lo trasladaron a otro hospital en otro Estado: el Hospital Infantil de Filadelfia. Su madre no lo volvió a ver hasta ocho días después.

El doctor les dijo a los padres que Kevin tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Pero lo hizo.

Sin embargo, ese tumor grande y el daño que producía le evitaban hacer una de las cosas más fundamentales que hacemos los seres humanos: sonreír.

A nivel físico, está muy claro en qué consiste una sonrisa. Hay 17 pares de músculos que controlan las expresiones del rostro humano y otro más, el orbicular, que es una especie de anillo que rodea la boca.

La sonrisa básica que se curva hacia arriba la consiguen principalmente dos pares de músculos conocidos como los cigomáticos mayor y menor. Ambos conectan las comisuras de la boca con la sien, tirando de los labios hacia arriba. Suelen actuar acompañados, dependiendo de las emociones y pensamientos, del músculo elevador del labio superior.

Es cuando nos alejamos del reino de la fisonomía que la sonrisa se convierte en algo enigmático. Esta contracción de varios músculos faciales ha dejado su huella a lo largo de la historia, desde las sonrisas arcaicas de las esculturas griegas conocidas como kuros, hechas hace 2.500 años, hasta los emojis, esas pequeñas imágenes que le ponen sabor a nuestros mensajes.

Hay diferencias de género (las mujeres tienden a sonreír más) y cultura. Las sonrisas son definitivamente comunicativas: la gente sonríe más en público que cuando está sola y también lo hace más cuando interactúa con otros.

Una sonrisa misteriosa

Los científicos han demostrado que las sonrisas son mucho más fáciles de reconocer que otras expresiones. Lo que no saben es por qué.

"Podemos ser muy buenos reconociendo sonrisas", dice Aleix Martinez, un profesor de ingeniería eléctrica e informática en la Universidad Estatal de Ohio, donde fundó el Laboratorio de Biología Computacional y Ciencia Cognitiva.

"¿Por qué es verdad eso? En la actualidad, nadie lo puede responder. No sabemos. Puedo enseñarte una imagen solo 10 milisegundos y tú podrás decirme si es una sonrisa. No sucede eso con ninguna otra expresión".

Sorprendentemente, se necesita 250 milisegundos para reconocer el miedo: 25 veces más que la sonrisa. "Reconocer el miedo es fundamental para la supervivencia, mientras que una sonrisa…" reflexiona Martínez. "Pero así es como estamos programados".

Otros estudios han demostrado que las caras sonrientes son consideradas más familiares que las neutrales. Científicos como Martínez tienen la teoría de que las sonrisas, así como los ceños fruncidos y otras expresiones faciales, son remanentes de una lejana herencia prelingüística del ser humano.

El lenguaje humano comenzó a desarrollarse hace unos 100.000 años, pero nuestras expresiones faciales se remontan aún más atrás, tal vez hasta la época de nuestros primeros ancestros.

"Antes de que pudiéramos comunicarnos verbalmente, teníamos que hacerlo con nuestras caras", dice Martínez.

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